Si hablaran…


Hola, usuaria. Te veo más tranquila. Ya no me temes. Se te nota. No aporreas mis teclas con esa furia. Tanta que, a veces, me hacías daño. Sabes, estoy contento. Me siento más persona. Más querido y ,sobre todo, más útil.

Decías que no servía para nada, que era un invento del diablo. Eso decías, al principio. A mí me dolía. Lógico. Aunque no te lo creas, tengo sentimientos, eso sí, virtuales.

Llegué a sentirme tan desubicado que hasta se me bajaron las defensas, y un virus me atacó. Fue cuando me colocaste el anti virus y cuando anduviste en vilo una temporada. Me sentí importante y, aunque ya estaba curado, simulaba recaídas para captar tu atención.

Ahora, noto que me tienes más en cuenta, aunque a veces sigas rezongando si no entiendo tus órdenes (dispersas) a la primera. Entonces me cuelgo para darte un toque de atención. Deberías ser más paciente. Hiperactiva, eso es lo que eres. Y lo sabes. Sí, soy una máquina rápida, pero no me pidas que me anticipe a tus pensamientos, o que los adivine.

Al menos tengo buena memoria. No como tú que te olvidas de hacer un “guardar” y luego te lamentas por perder documentos.

Como tu secretario, te sirvo lo mejor que puedo.

Desde que te ha dado la tarantela de escribir, me haces más caso. Anda, dímelo, aunque sea por señas: envíame un mensaje y ponle una de esas caritas que sonríen. Le hará bien a mi autoestima, que la tengo baja. Dame tu aprobación.

Yo te seré siempre leal, como si fuera tu perro. Guardaré los secretos que quieras compartir conmigo, y si me necesitas para enviar tus textos por el ancho mundo, seré tu mensajero. El más eficiente. Acaso ¿no sabías que soy primo lejano de Hermes? Sí, el dios griego de los mensajeros, al que los romanos, en su interpretación de la mitología, llamaron Mercurio. Pues somos parientes, aunque entiendo que mi apellido, Toshiba, te despiste, que suena a japonés, pero eso es por parte de mi padre, que por la parte materna somos griegos. Y te doy este detalle sobre mis orígenes porque seguro que a ti, esto de lo clásico, te parece más de fiar.

Hum, ¡qué rico! Veo que estás a punto de limpiarme con ese trapito tan suave… Me encanta cuando me acaricias la tapa con esa gamuza, un masaje que me va de perlas, sobre todo, para las cervicales, ¿sabes?

Bueno, me quedaré calladito, suspendido, o dormiré un rato, que soy remolón como un gato. Aunque no te lo creas.

                                   Siempre tuyo, tu ordenador portátil.

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