¿La cuestión?


Cuando dices que escribes no te atreves a definirte como escritor. Sobre todo, al principio. Es normal. Te gustaría decir que eres aprendiz de escritor. Pero, en nuestro país al menos, la figura del aprendiz ha sido casi borrada del imaginario laboral. Así que te excusas y dices que “bueno, estoy empezando a escribir… algo”, y el otro te dice, sorprendido, “ah, no sabía que escribías”. Y tú, venga disculparte, que si estás empezando, que si es muy difícil, que si ya se sabe…

Si logras publicar (gracias a tu tesón), empiezan a tomarte un poco más en serio. Normal. Pueden leerte, si quieren. Como si dijéramos, haber pasado un periodo de pruebas en alguna empresa que con solo hubiera firmado uno de esos contratos temporales y basureros. “Sí, media jornada, no sé cuánto durará…”, habría dicho el afortunado.

Pongamos que el contrato se formaliza (un poco). Pasa a jornada completa, hasta fin de obra, renovable (?) al año.

Así te sientes con tu libro recién estrenado.

El caso es que sigues, nadie sabe si por tozudez, por osadía, o por no tener nada peor que hacer.

Te ves en la tesitura de tener que difundir tu actividad, a falta de agente que dé la cara por ti, rellenando campos obligatorios en perfiles de redes sociales, y cosas por el estilo, y la pregunta te asalta. ¿Escritor, pongo “escritor” en la casilla? Porque, llegados a ese punto en el que quieres, y debes, proclamar tu novela a los cuatro vientos, sería absurdo poner “barbero o ingeniero”, ¿no crees?

Peor me lo pones cuando en vez de escritor te toca el femenino de la palabra: es-cri-to-ra, que es como decir “cantora”, o “escribo a todas horas pero no teman que no le pisaré los talones a nadie… ” Pero, ¿qué poner entonces? “¿Ama de casa con buena letra, o charlatana?”

Ay, y cuando llega ese temible momento, el de llamar a la puerta del editor, y mendigarle que acepte tu manuscrito para darlo a sus lectores profesionales. Carcasas para sabuesos. “¿Escritora?”, te dirá, “pero ¿con quién has publicado?” “Oh, no, señor, con nadie, yo solita”, responderás, azorada. “Ah, es que no te conozco…” Y como no te conoce, no existes. Y como no has publicado “con nadie”, no eres nadie. No eres escritora. Escribidora, te dirá. Y tú pensarás que esa palabra es pariente de “escritura”. Que no estás tan lejos. Que andas en ello.

Pero, volviendo a nuestro trabajador, ese que habíamos dejado en su curro por un año prorrogable. Pongamos que resiste, que no lo echan, que aguanta carros y carretas en ese empleo de… ¿panadería?

Si se pasa la noche en un obrador y reparte el pan por las mañanas, ¿no será panadero? No digo que sea maestro. Lleva poco tiempo en el gremio y, además, no ha heredado ni el negocio ni la tradición familiar. Solo trabaja en una panadería, es panadero.

¿Cuál es la diferencia, entonces, entre considerarle a él panadero porque es a lo que se viene dedicando y, en cambio, tantos pudores cuando nos referimos al oficio de escritor?

No solo es el sector editorial quien levanta la ceja, también otros escritores se lo cuestionan. Incluso algunos lectores…

Por supuesto, hay niveles de calidad. Obvio. Panaderos que hacen un excelente pan, buen pan, o pan de chicle. Categorías que le supondrán al negocio un sello de prestigio. O no, esa panadería del montón, la que vende baguet industrial, la que usa harina de dudosa procedencia. En ti, consumidor, estará elegir el producto que más te guste, o el que puedas permitirte.

Igual pasa con los escritores. Los hay excelentes, buenos, mediocres y malos. Pero, escritores al fin y al cabo. O escribidores si quedara demostrada la ausencia total de talento y de saber hacer.

A ti, lector, te toca la difícil tarea de seleccionar la lectura que te convenga, o la que puedas. Al agente y al editor, cómo no, olfatear al escritor que sabe lidiar con las palabras, que conoce el oficio. También, a ese principiante que se deja guiar, si son excelentes editores.

Amasar la masa y echarle la levadura precisa; dejar reposar, que levante; hornear con buena leña, sin escatimar tiempo, que ese pan se venderá sin hablar.

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7 comentarios sobre “¿La cuestión?

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  1. Con una lógica que nos deja sin posibilidad de seguir en lo mismo…”Escribo..estoy empezando,soy aficionado, es mi pasatiempo, etc.” Laura nos desarma y nos pone en la perspectiva correcta, con una analogía que nos lleva a la risa y a decir…”Pues sí” Gracias Laura!!!

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  2. Ay, pluma verde, en alguna parte te vi, y luego te perdí. ¿En Linkedin? Todavía desenredando estas herramientas del demonio, que si el feed, que si el follow, que si los blogs que sigo, ¿dónde están que los perdí? Te buscaré. Un abrazo.

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