Cuento de la buena pipa


Acabo de leer que la burbuja editorial se nos desploma (también).

No hace falta ser un lince ni siquiera haber ido a Salamanca para entender que los ciudadanos españoles tuvieran para comprar libros sería por lo menos extraordinario, con la que está cayendo.

La vida es de lo más ordinaria y no sobran céntimos ni para libros ni para nada. La cultura es un lujo, y los libros, ese pequeño capricho que nos concedíamos, son parte de nuestro fugaz pasado glorioso. Libro, tique de teatro, sesión de masaje o bolso nuevo. Ahora ¿ir al dentista o renovarle las bambas al chico? Así que eso de comparar libros… ¿cómo era?

Suerte tenemos de haber invertido (entre todos) en nuestras bibliotecas públicas que, aunque no nos surtan de las últimas novedades (cada vez reciben menos), sí nos dejan lectura en préstamo.

Este panorama, de grisalla que no sombrío, que nos ahoga a muchos en la precariedad y mantiene a otros tantos en el estupor, no ayuda a vender libros. Precisamente libros…

Se añade que nuestro país, tan pintoresco como hidalgo, no era territorio lector. Tampoco en época de vacas gordas o de toreros ufanos.

¿Por qué, entonces, proliferaron tantas editoriales? Y ¿por qué a las grandes se les fue la mano dando a la manivela de la publicación?

Sonará presuntuoso si digo que conozco la respuesta. Pero no la desvelaré por no ser este el lugar y por no querer meterme en camisas de once varas.

El caso es que nacieron como setas, las casas editoriales. Editaron como locos, entre unos y otros, grupos o independientes. Sacaron tantos títulos que colapsaron las librerías, incapaces, los libreros, de hacer frente a tantísimas novedades. Libros con una duración de caducidad similar a la de los yogures. Productos que el librero se veía obligado a reemplazar de sus escaparates casi cada semana. Escritores sacados de la manga. Mediáticos. Transgénicos. Nórdicos.

Un no parar. Una hinchazón que solo podía reventar (por eso, burbuja).

Burbuja, pompa de jabón, ilusión.

La situación anda crítica, se publica, también para el sector editorial. ¿Cómo no?

A mi juicio se han hecho algunas cosas con mal criterio. Hago una lista:

  1. Publicar demasiadas cosas sin criterio (solo el mercantil).
  2. Apoyar mayormente a escritores del género masculino (cuando hay más mujeres que leen).
  3. Suponer que nuestra literatura era exportable al continente americano (por coïncidencia idiomáticas), cuando solo era posible el viaje a la inversa.
  4. Traducir obras extranjeras por encima de nuestras posibilidades (España, el segundo país que más traduce de la U.E.)
  5. Apostar con demasiada timidez por noveles (que podían haber refrescado el panorama literario, a veces rancio).
  6. Quedarse anclados en un pasado imperfecto (demasiadas novelas sobre nuestra triste guerra civil y saturación de novela histórica).
  7. Cargar a las familias con libros de texto de compra forzosa (los únicos que entraban en algunos hogares, generando un gasto que impedía la compra de otros libros, y disuadiendo a esos escolares del hábito a la lectura).
  8. Crear una élite de literatos con espíritu de clase cerrado, aristocrático y endogámico (respaldada por los medios).
  9. Generar productos de dudosa calidad literaria pero de factura impecable (diseño de portada, elaboración profesional, etc.)
  10. Distanciarse del concepto de la literatura como bien social (divorciándose por ende del público).

Con esto (que no es poco) no afirmo que todas las editoriales lo hayan hecho mal. O fatal. En la viña del señor, ya se sabe… Pero pagan justos por pecadores, y como estos últimos son mayores y sus industrias, gigantescas, ocurre que son más visibles.

No obstante, parece que son las pequeñas y medianas empresas editoriales (como quien dice, las pymes) las que están logrando salir a flote o no hundirse con el equipo. Será que han hecho las cosas mejor. Será que han guiado al/la escritor/a, sin delegar la tarea en agentes. Será que han seguido amando aquello que hacían: crear libros. Será que se han comprometido.

Tal vez no hayan aumentado sus ventas (por el panorama que nos asola), pero al menos no están en hecatombe.

Porque ya pasó el momento pánico de señalar con dedo acusica al formato digital, incluso a las plataformas de auto edición. De sobra sabemos que ahí no está el quid.

¿Insistir en el fomento a la lectura desde todos los ámbitos? No estará de más (más que nada porque no nos sobra, como ciudadanos, estar al tanto, y ya se sabe que la lectura, además de entretener, algunas veces también educa).

¿Cruzar los dedos para que toda esta confusión económica se resuelva? Obvio.

Pero, aun cuando volvieran mejores tiempos, sería necesaria una renovación del sector editorial. Una corrección de estilo, si me permiten.

 

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6 comentarios sobre “Cuento de la buena pipa

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  1. Un análisis más que interesante. Me sorprendió bastante la proliferación de editoriales y librerías de diversos tamaños y pelajes, con sus correspondientes ediciones de los más variados títulos, en un país con fama de leer poco (y lo que es peor, en una tierra donde los que no leen nunca presumen públicamente de ello). Estos son los verdaderos misterios, y no los de la Santísima Trinidad.
    Abrazos.

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  2. ¿Verdad? Esa sí que es una trama negra y prodigiosa, y no los crímenes de tres al cuarto (más propios de “El Caso”) que publican alegremente. Pero hasta ahí puedo escribir (que no contar…)

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  3. Interesante post, Laura. Precisamente ayer tuve una charla con un buen profesional del sector editorial y hablamos sobre este asunto. Da miedito, produce escalofríos y tembleques el panorama que me pintó.

    Hasta tal punto que cambiaron dos cosas en mi modo de enfocar el proceso editorial: una, he reafirmado que el camino de mi proyecto debe redoblar esfuerzos en ayudar a escritores independientes. Y dos, que el futuro es de los Juan Palomo, las microempresas, las colaboraciones, la coopetencia, la adaptabilidad al medio y los cambios… en fin, los pequeños.

    Porque los grandes que todavía no han colapsado y se han hundido bajo su propio peso, lo harán tarde o temparano. Un saludo!

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  4. Un artículo que dista mucho de la realidad. Casi ningún punto tiene sentido.

    “Apoyar mayormente a escritores del género masculino (cuando hay más mujeres que leen)” ¿Qué tiene que ver ésto con la burbuja editorial?. Más cuando la mayor parte de las mujer, las lectoras asiduas y muchas escritoras, hablan de que no existe literatura masculina y femenina.

    “Suponer que nuestra literatura era exportable al continente americano (por coïncidencia idiomáticas), cuando solo era posible el viaje a la inversa” No sé si sabrá que el valor de las exportaciones de libros españoles creció un 7,3%, siendo Iberoamérica, con México a la cabeza, nuestro principal destinatario.

    Habla de “Publicar demasiadas cosas sin criterio (solo el mercantil)” y luego se contradice con “Apostar con demasiada timidez por noveles (que podían haber refrescado el panorama literario, a veces rancio)” ¿En qué quedamos?

    En fin no hay por donde pillar el artículo. Así podemos seguir con todos los puntos. El último informe (Abril 2014) del Observatorio de la lectura y el libro muestra una perspectiva muy diferente del libro y sobre dicho informe hablo en:

    12 Puntos esperanzadores para el sector del libro. Leer aquí: http://ow.ly/wG1vu

    Creo que No resulta conveniente empezar entrerrar al libro en vida. Hay que tener un poco más de rigor a la hora de escribir.

    Siento diferir. Saludos

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  5. ¿Rigor? ¡Menos lobos!
    Usted no siente diferir: es lo único que hace en su comentario, pero a mí ya me está bien.
    Para no tener por donde pillarlo le ha sacado buena punta al artículo…
    Un saludo sin rigor (perdón, he querido decir “rencor”).

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