¡Solo para hombres!


Eran las fiestas del pueblo y mi abuelo se fue a la feria con una moneda en el bolso. Allí un enano gritaba: ¡Solo para hombres, solo para hombres! Aunque él todavía no era un hombre sino un “guaje” de unos doce años, el reclamo le intrigó y se puso a la cola, deseando no ser visto por ningún conocido. Le preguntó a otro cuánto costaba la atracción y por lo que le contestó comprobó que el precio era casualmente su única moneda, pero decidió arriesgarse, a pesar de que su madre le había encomendado mirar por ella (por la moneda). La duda ofendía: ¿convertirse en hombre y quedar sin blanca o pasar de largo? Pudo más la tentación. Conforme les llegaba el turno a los primeros, los demás les preguntaban: ¿Qué tal?, a lo que los iniciados respondían: ¡Uf, ya veréis! El enano seguía captando adeptos, ¡solo para hombres, para hombres!, gritaba. Cuando le tocó a Manolín, dio un paso para arrimarse al ventanuco de la barraca. Metió su moneda en una ranura como indicaba un cartel mal pintado y se puso de puntillas para ver eso tan maravilloso reservado solo para hombres. Se abrió la cortina raída y pudo ver, y hasta oler, el trasero de una mujerona vieja –lo que hoy llamaríamos “un calvo”–, que se le restregó. Tremendo asco, y reconcome por la moneda. Al salir de la fila, gesticuló y farfulló algo como: “sin palabras”, porque no supo qué hacer. ¿Y si eso tan asqueroso era lo que les gustaba tanto a los hombres, cómo podía saberlo, si él todavía no era un hombre? Si reconocía que el espectáculo le había repugnado, ¿daría a entender su inexperiencia?  Por si acaso, imitó al resto, que por algo ya eran hombres. ”¡No les cuentes esas cosas a las nenas!, lo reñía mi abuela y nosotras, muertas de risa, le pedíamos un bis.

Anuncios

7 comentarios sobre “¡Solo para hombres!

Agrega el tuyo

  1. Muy divertido este relato Laura. Cuando vi el título, en efecto, me imaginé por dónde iba el asunto y al final quedé totalmente sorprendido.

    Acá en México pasa mucho una situación similar, en otras dimensiones y en otros matices: en el sistema de transporte metropolitano (metro) existen vendedores ambulantes que son bien llamados “vagoneros”. Ofrecen productos de casi primera necesidad y a muy bajo precio.

    En el caso de los productos perecederos, como dulce y botanas, en una ocasión me tocó comprar un paquete de goma de mascar ¡y ya estaba caducado!, fue de esas experiencias donde se pierde dinero. Pero en fin. Saludos desde ultramar.

    Me gusta

  2. Y sí, parece que la publicidad es un invento viejo, tanto como el engañabobos.
    El punto cómico es cosecha de mi abuelo, que fue un tipo genial. Retomando sus historias, las que él no llegó a escribir (no tenía esa pretensión) pero que nos dejó a través de la tradición oral. Un abrazo.

    Me gusta

  3. Hola, Laura:
    Me ha gustado mucho el relato y también la reflexión que lo acompaña. También me ha tocado alguna fibra genética ya que mi familia materna también es asturiana, de Gijón, y los “guajes” “ye” y otras expresiones de la tierrina me llegan hondo. ¡Qué bonito es el bable! Ojalá encuentre el momento de dedicarle un poco de estudio. Por cierto mi cuarto apellido también es Suárez, ¿es muy común por Asturias? A ver si vamos a ser familia lejana. Me alegro mucho de haberte encontrado en este raro mundo virtual.
    ¡Me ha llegado tu libro! Preciosa portada y citas apetecibles. Aún no lo he empezado. Muchísimas gracias, Laura.
    Seguimos contactadas, un abrazo fuerte.

    Me gusta

  4. Hola, Aida,
    Qué alegría saber de ti y saber que mi callejón anda por el mundo sin perderse por el callejero…
    Anoche estuve con tu cuento y me quedó pendiente dejar mi nota. Tal vez hoy… (Ando metiendo dibujos en los blogs de pintura; una se divide y ni parada para…)
    Así que ambas somos asturianas por parte de madre, ¡qué curioso! (Por parte de padre soy castellano-manchega, ¿y tú?)
    Suárez es más común en Asturias que en otras regiones de España, aunque hace poco leí que era uno de esos apellidos sefarditas (con motivo de la ley que permite nacionalizarse a los sefarditas, ha aparecido una lista de apellidos, entre los que figuraba el de Suárez).
    ¿Quién sabe, quizá seamos familia? Si no lo somos de sangre, desde luego hay afinidades (leyendo tu entrada de ayer lo he pensado).
    Contactadas, un abrazo fuerte, Aida.
    PS. Y sigue’y leyéndo’y a la nenina, que eso ye muy sano pá les cabeces de los guajinos, asín de mayores pueden fartucase de lletres y leer a da quien (un puquiñín de bable).

    Me gusta

Comenta, no te cortes.

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

WordPress.com.

Subir ↑

A %d blogueros les gusta esto: