Recetas


A medida que voy estudiando las leyes de la escritura la figura del escritor se me desdibuja. Casi lo veo ya como a un científico de bata blanca aplicando sus fórmulas, al parecer infalibles. Y no me lo creo del todo…

Se analizan textos de autores reconocidos a modo de ejemplos. De muestra, un botón. Contínuamente se destripan párrafos que ilustran, al parecer, cómo el mensaje ha llegado con éxito gracias al haber aplicado las normas a pies juntos. Instrucciones para escribir una novela… No sé, hay algo que me chirría, tal vez esa sensación de que todo encaje a la perfección… Ese itinerario trazado de antemano del que no debes desviarte si no quieres extraviar al lector…

A la vez, voy leyendo, como siempre lo he hecho. Muchas veces ficción de autores consagrados. Algunos contradicen casi sistemáticamente esas normativas, y sin embargo han sido publicados y gozan de prestigio entre la crítica. Así que algo más debe de haber que no nos cuentan esos talleres literarios. Algo como que: primero, ten un nombre; después, escribe como te dé la gana; que ya, luego, nos encargaremos de validarlo, de encontrarle la coherencia, de denominar al estilo si hiciera falta o de afinarle la voz si se saliera de las tesituras convencionales. Lo encajaremos en la regla o en la excepción, tú tranquilo.

Así que, tomaré nota de esas recetas, como quien apunta en una servilleta de papel los ingredientes de la tortilla de patata, pero no prometo seguirlas al pié de la letra. Si lo hiciera, puede que escribir perdiera parte de su magia. Y entonces, ¿qué quedaría? La sensación de fracaso de saber que ningún agente se atreve a representarte porque no enganchas al lector cuando, a lo mejor, no es lo que pretendes (lectores sí que quieres, pero ¿enganchados?)… La certeza de que ningún editor osará publicarte por tu falta de oficio, ya que, por mucho que te empeñes, no serías capaz de ceñirte a la normativa. Porque para escribir de esa manera, tan técnica, mejor te pones a criar conejos o pollos de corral  Lo mismo es más rentable.

Dejo la chuleta, —que transcribo casi literal aunque añado toques de mi cosecha— del manual Escribir ficción (Guía práctica de la famosa escuela de escritores de Nueva York), para los más perezosos o descreídos y también para los amantes de dogmas (máxime, cosmopolitas).

Chuleta

Los personajes

  • ¿Tienen deseos? (añado: ¿o necesidades?)
  • ¿Son tan singulares como para no ser típicos? (añado: ¿tan humanos como para no ser arquetipos?)
  • ¿Tienen rasgos contradictorios que les den complejidad? (añado: y si fueran simples, ¿serían menos literarios?)
  • ¿El protagonista tiene obstáculos tanto internos como externos? (añado: el yo más las circunstancias)
  • ¿Tienen la capacidad de cambiar? (adaptarse o morir, puede que no la tengan y, sin embargo, siguen siendo personajes… bloqueados)
  • ¿Conoces lo suficiente a tus personajes? (todo será poco, aunque el escritor tampoco es psicoanalista)
  • ¿Son los personajes que deben serlo “redondos” y los que deben serlo “planos”? (un secundario puede crecer…)
  • ¿Muestras más a tus personajes de lo que los explicas? (acción frente a descripción, pero sin caer en guion de cine)
  • ¿Utilizas las cuatro maneras de mostrar a tus personajes a través de la acción, el habla, la apariencia y el pensamiento? (nada que añadir)
  • ¿Tienen tus personajes los nombres adecuados? (¿son nuestros nombres de pila los adecuados?)

La trama

  • ¿Tienes una gran pregunta dramática? (podría ser pequeña o banal, después de todo la vida es una suma de pequeñas cosas…)
  • ¿Tienes un protagonista con un gran objetivo y diversos obstáculos? (vale, las historias de superación siempre son edificantes…)
  • ¿Tiene tu protagonista tantos obstáculos externos como internos?( la vida no suele ser un camino de rosas…)
  • ¿Hay un planteamiento, un nudo y un desenlace? (me gustaría que no siempre fuera tan lineal, tan rotundo. Algo como: atmósfera, desvarío y abandono…)
  • ¿Has liberado tu planteamiento de explicaciones excesivas? ¿Has conseguido que no resulte demasiado largo? (vale, al lío)
  • En el nudo ¿se multiplican los conflictos? (las desgracias nunca vienen solas, pero tampoco se trata del “más difícil todavía”, ¿no?)
  • Los acontecimientos que tienen lugar en el nudo, ¿tienen causas y efectos relacionados entre sí? (dos y dos no siempre son cuatro)
  • ¿hay una crisis, un clímax y un conflicto que tienen consecuencias en el desenlace? (bueno, habrá que resolver, pero tampoco es un problema aritmético con planteamiento y solución)
  • ¿Es tu desenlace plausible, satisfactorio y no demasiado extenso? (¿dónde quedan los finales abiertos, tan sugerentes?)

Otro día sigo con: el punto de vista; las descripciones; los diálogos, el escenario /el ritmo; la voz; el tema y la revisión, para completar la chuleta (con algún apunte mío, esa pregunta que le haría al profe si fuera alumna del Gotham Writters).

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3 comentarios sobre “Recetas

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  1. Suscribo tus opiniones, hablas desde mis “sentires” respecto a los ingredientes de la tortilla. Creo que hay que montar una estructura y a partir del andamiaje tener la libertad de dejar volar a esa magia que nombras. Planteamiento, nudo y desenlace sale solo aunque no lo hayas mirado todo con lupa y te hayas saltado alguna ley restrictiva. Me ha gustado tu exposición.

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  2. Creo que el nivel de repercusión que las “Técnicas narrativas” tienen en la obra de cada autor está directamente relacionado con la implicación que su propia vida tenga con ella. Es decir, que serán más necesarias a medida que sean más imaginarias, y menos mientras más basadas estén en vivencias propias. Si un autor escribe algo que tenga muy poco que ver con su propia vida necesitará también inventar un andamiaje que soporte aquella historia, para a partir de allí empezar a desarrollar sus sensaciones y pensamientos en base a lo que les ocurra a aquellos personajes; en cambio, si un autor escribe de forma autobiográfica esa estructura viene dada por la propia vida que ha tenido y sobre todo ya solo tiene que concentrarse en expresar esas sensaciones y pensamientos. Una prueba de ello es que casi todos los primerizos empiezan escribiendo de manera autobiográfica, y si son genios, sin necesidad de conocer en gran medida las “Técnicas narrativas” destacaran. Sin embargo, cuando el manantial de la memoria se agota, es cuando surge verdaderamente el oficio.

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  3. Seguramente tienes razón. Por eso creo que un escritor tiene que haber vivido mucho antes de ponerse a escribir, y seguir percibiendo la vida con intensidad mientras lo hace. Saludo.

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