De mucha risa


Esto que escribo hoy es una tontería, pero me inquieta, así que lo escribo, para que quede ahí, en alguna parte. En el limbo bloguero.

Va sobre lo hilarante, es decir, lo que provoca hilaridad.

Vamos al diccionario, no porque subestime los conocimientos de nadie, sino por costumbre, y porque acabo de confeccionar un rótulo que colgué en la columna de la izquierda. De paso, lo estrenamos.
Hilarante. (…) Que inspira alegría o mueve a la risa.

Me encanta echarme unas risas. Como a casi todo el mundo.

Adoro a los payasos. No me parecen tétricos, ni mucho menos creo que a cualquier personajillo se le puede tildar de “payaso” (una ofensa para este gremio al que aplaudo, plas plás, hasta dejarme las palmas enrojecidas). Tengo en mucha estima a los buenos cómicos. Creo en la función terapéutica de la risa. ¿La risa? ¡De lo mejorcito de la vida!

Por eso deberían gustarme las novelas que llevan la palabra “hilarante” en la reseña. “Una historia hilarante que bla, bla, bla.” Pues, no sé qué pasa: basta esa etiqueta para que el relato no consiga arrancarme ni media sonrisa… ¿Por qué? No lo sé…

He llegado a la conclusión, después de muchas decepciones, de que no comparto el sentido del humor de la mayoría de los editores. Presupongo que han sido ellos los encargado de calificarlas así, a esas obras “desternillantes” (a veces, también usan ese adjetivo en un alarde de vuelta de tuerca que, tampoco sé muy bien por qué, me produce un desajuste de las vértebras cervicales; a punto de pasarse de rosca esos tornillos que me apresaran el cuello, caso de ser robot).

También es cierto que no leo para reírme.

Solo recuerdo haberlo hecho, y a carcajadas, al leer El Quijote; a Cortázar y a Cioran. Pero no recuerdo haber visto la dichosa etiqueta asociada a esos escritores, ni a Cervantes (¡pobre Miguel!, que andan buscando sus gastadas vértebras entre cimientos, a buenas horas….), ni a Julio Cortázar (ni siquiera a sus cronopios). Menos a Cioran, que me deja en la gloria, casi como una peli de Chaplin o de los hermanos Marx.

Debe ser que el sentido del humor es algo muy subjetivo. Personal. Intransferible. Ahora, escaldada, cuando leo en la contraportada que promete ser hilarante pongo cara de póquer y tiro para delante. ¡Será por libros!

Foto por cortesía de Marianne Antolín

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2 comentarios sobre “De mucha risa

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  1. Genial Laura!!! Buenisimo, creeme que la primera vez, que escucho “hilarante” me suena, a la indigena que va hilando su lana montes arriba, que extraño,..buena exposicion, un beso!!

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