El instinto: básico


Seguimos estudiando manuales teóricos sobre narrativa. Los últimos: “La página escrita”, del prolífico Jordi Sierra i Fabra, y “El personaje novelesco”, coordinado por Marina Mayoral, ambos interesantes.

Y seguimos aprendiendo sobre las particulares visiones que nos ofrecen los escritores sobre sus personales métodos. No todo nos sirve, pero incluso lo que desechamos nos sirve para saber cómo no queremos escribir.

Ayer empecé a escribir mi tercera novela, ¡por fin! Pensé que ya nunca saldría de la despensa (esto viene por mi novela anterior, Un mono en la despensa, a la que todavía no conseguí publicar mas no desisto…)

No fue un salir de la nada, sino que anduve rumiándola durante meses, por lo que espero poder redactarla en poco tiempo y sin grandes atascos. Tengo la estructura, todavía tambaleándose; los personajes, que ya son como de la familia; la trama, apenas agujereada; las voces, sin ecualizar; los tiempos narrativos, dudosos… Hasta título tiene la nueva novela. Por supuesto, la idea, y otros trucos de modista de los que iré echando mano para enhebrar la aguja.

Queda el resto, todo el resto: ¡escribirla!

De todo cuanto leí últimamente sobre narrativa (sobre todo, este agosto), ¿qué recursos utilizaré?

La verdad, no lo tengo muy claro. Supongo que seguiré aquellos consejos que haya registrado en mi cabeza, que algo habrá quedado ¡digo!

Quizás lo interesante sea llegar a crear tu propio método, plan de trabajo que hasta podría variar de una obra a otra…

Y, sin duda, lo esencial: dejarse guiar por el instinto, ese guardián infalible. 

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4 comentarios sobre “El instinto: básico

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  1. Muchas felicidades Laura!!! Cuando uno se decide a escribir algo es porque ya está en nuestra cabeza, tal vez un poco desordenado pero ya está todo ahí…
    Aqui estaremos tus lectores para echarte porras y buenos deseos para que esa novela sea muy pronto una realidad…¿Nos das una pista del tema?
    Un abrazo.

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  2. Gracias, Verónica, tú siempre al tanto… Mira, el tema creo que se podría resumir en algo así como “superar dificultades” (creo que todo lo que escribo habla de lo mismo). Queda por concretar… Un abrazo enorme.

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  3. Mi apreciada y admirada hormiguita:” En aquel banco forrado de cuero donde posaba su nalga el hostelero fue hace 40 años donde posó su nalga el abuelo, que fue herrero. A pesar del tiempo de contacto de la nalga del herrero y del hostelero no fue un banco exclusivo de ellos pues en la posada donde posaba sus 4 patas el banco, justo a un lado de la barra del bar, todo aquel que no alcanzaba silla de barra buscaba y se hacía del banco para anidar sus posaderas. ¡ que de cosas podría contar ese banco del tema de nalgas y/o posaderas.! Alguna vez estuvieron las de Ana María, la prostituta del pueblo (¿te imaginas que sabiduría de esas nalgas?), las de Ruperto el hechicero que pasaba noches enteras en el monte sentado y en peyótica meditación, También las de Nadia, la mujer de Anastasio el carpintero; mujer que de los 365 días del año se pasaba 360 enferma.Sus nalgas estaban tan perforadas y fibrosas por tanta inyección que al sentarse crepitaban. Y a pesar de ser un bar no faltaron las nalgas de Isaías el judío que al posarlas ocasionaba que nadie se presentase en el bar por temor a sus peroratas moralistas. Y quien no recuerda las grandes y pomposas nalgas de Cleotilde, mujer de Filemón el vendedor de seguros. “Cleoti” como le decían de cariño padecía de colitis crónica y sus flatos eran famosos pues se vaciaba el bar en unos segundos tan solo por tomar una copita de anís .Si te contara lo que decían las nalgas del Eleuterio conocido como “Lola” por sus tendencias gay….bueno… ya después te contaré de las nalgas que se posaron en el banco de la posada del hostelero, pues para hacerlo en orden lo dividiríamos en trienios”
    Laura, al estar leyendo sobre el instinto básico y sobre los preparativos para tu siguiente novela, sentí esa “comezón” de escribir de inmediato y que mejor que un lugarcito que nos dejas en “Tu Comentario”.y de paso te ejemplifico lo que ya otras veces he comentado,….viene la idea, !´déjala salir YA, AHORA¡ Escribe con enajenación antes de que se vaya. Ya luego la pules, la maquillas, La lubricas, la peinas y la dejas lista.
    Como siempre un afectuoso saludo. (Nota: este pequeño escrito solo saldrá aquí porque aquí nació. Si gustas puedes borrarlo. Agradezco tu estímulo..que sin querer me diste…y te aviso que en el blog “Diálogos con un Libro” pondré todo tipo de temas con el fin de que mis amigos escritores estimulen su “neurona prima” y de allí se desarrollen ideas de que o cual cosa escribir y que de esa “neurona prima” se magnifique una red neuronal que de nacimiento a una narrativa o un tema de un libro, novela o lo que les de la gana….Chao )

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  4. Nada de borrar nada, los esscritos permanecen y yo no soy quien para moderarlos (salvo que se confundiera el culo con las témporas, pero no es el caso aunque pudiera parecerlo, léase entonces de nuevo…) En tu discurrir dos cosas me atraen: esa visión casi animista que le concede sentir a la banqueta y ese flujo de palabras enajenadas que no nos ahorran nada, ni siquiera los fluídos más escatológicos. ¿Escritura automática o sintomática? Por ahí pasan las cosas que verdaderamente importaría escribir. Pero antes, querido doctor, debo apartarme del hormiguero… Chao, chao.
    Oh, olvidaba hablarle de un tipo de banqueta que se estilaba en mi tierra (Asturias), y que viene al caso. Fabricada con un hongo gigante, parásito de las hayas y que tiene la forma de una rosquilla con agujero en el centro, era usado como posadera al que se le añadían tres patas. Se llamaba “tayuelu”, y me ha venido a la memoria (lo tenía casi olvidado) al leer todo lo que tu banqueta sabe, sufre y aguanta. El agujero del tayuelu sirve de válvula de escape. Mi abuelo era experto fabricándolos, en casa todavía queda alguno (un día enviaré foto).

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