Sana, sana


  1. La escritura es un oficio. Alcanzar maestría, como en cualquier ramo, es difícil. Encontrar un trabajo remunerado exige del candidato: profesionalidad, experiencia y entrega, además de suerte y contactos. Contará con formación académica, alguna licenciatura filológica o periodismo, preferible con másteres. Las salidas laborales, en el amplio sector editorial. (Cualquiera que no reúna este perfil, a priori, será considerado un intruso.) Algunos profesionales escribirán obra propia, y soñarán con la consagración en el mundillo literario (porque les apasiona escribir y saben hacerlo; devotos de la literatura desde jóvenes, han apostado por esa carrera; como expertos conocen el entramado editorial; el éxito, salida y rescate de un empleo tedioso, poco reconocido y peor pagado). Sus obras a concurso tendrán prioridad, simple control de calidad; también los manuscritos enviados a las editoriales: ellos no son meros escribidores, pertenecen al gremio.
  2. La escritura es una pasión, también. Como tal, cualquiera puede sentir la llamada y verse atrapado. Por ese lado, nadie debería atreverse a reprocharle tal inclinación; otra cosa bien distinta es que encuentre editor y se le abran puertas. Le faltará dominio del oficio (ese tan difícil oficio), ni tampoco conoce gente influyente porque no es nadie. Pero será libre, allá él, de dar rienda suelta a su delirio, pese a quien le pese, normalmente a sufridos colegas comprometidos con esa lectura no siempre recomendable…
  3. La escritura es un arma, desde siempre. Empuñarla exige enormes dosis de valor y coraje, buena puntería y poco que perder. Cualquier kamikaze, viento divino, puede ir tirando; otra cosa es dar en el blanco, y salir inmune (sobre todo, si va de por libre).
  4. La escritura es terapia, porque ayuda a sacar demonios fuera. Llevar un diario es, sin duda, un ejercicio muy beneficioso para salir del atolladero. Todos tenemos derecho a expresar nuestros agobios. No habrá nadie (en condiciones normales) que nos impida confesar nuestras tensiones en un cuaderno, íntimo y personal. Antes que técnica narrativa buscaremos el momento para contar nuestra lucha diaria, y al hilo de ese relato quizás logremos apaciguar el alma inquieta.
  5. La escritura es pasatiempo, sin más pretensiones que disfrutar del tiempo libre, como quien rellena crucigramas o se echa un parchís.

La suerte del autodidacta de hoy es poder formarse mejor que nunca, por la abundancia de recursos al alcance (talleres narrativos, clubes de lectura, bibliotecas de barrio o virtuales, etcétera). La comunicación entre escritores aficionados llega a ser bastante fluida por la red y sus lugares de encuentro. Auto publicarse es posible (aunque con resultado casero). Buscar un espacio en este entramado virtual (por ejemplo, un blog) solo pide horas y tesón.

¿No hay límites, entonces? No para el aprendizaje, ni siquiera para la difusión de un texto (con empeño). Los límites, esas fronteras no del todo imaginarias que no traspasaremos sin santo y seña. Por eso, para estar prevenidos y no llamarse a engaño, conviene saber qué es la escritura en nuestras vidas: ¿oficio, pasión, arma, terapia o pasatiempo?

Para mí: terapia, pasión y pasatiempo, en este orden. Por eso, escribo un diario, publiqué dos novelas cortas y ando por mi blog. (Para la lucha me faltó valentía.)

Saber cuál es tu lugar, ubicarse, ahorra ciertos sinsabores y hasta algo de rencor, elimina el sentimiento competitivo, insano y pueril. Aceptar que escribes sin buscar nada a cambio que no sea consuelo o divertimento borra al fantasma del fracaso.

En el caso de que tu casilla sea la primera (harto improbable pues no me estarías leyendo ni en pedo) es comprensible que tengas que lidiar contra ese mundo que desconozco y se me antoja caprichoso y despiadado…

Por último, subrayar que habrá quien empiece a escribir apasionadamente, para pasar el rato, por pataleta o en el intento de ordenar su caos mental, y que sea tan genial como para ser aceptado entre los escritores con mayúscula. Excepcionalmente, se dan casos, y son muy nombrados.

Foto por cortesía de Astrid Antolín

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4 comentarios sobre “Sana, sana

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  1. Muy bien explicado, muy recomendable de leer, hace pensar en aquello de ¿por qué me metí en este fregado? Y ahí seguimos los que estamos convencidos de que no, no es un simple pasatiempo. Y no queremos bajarnos del tren de la esperanza, esa cosa tontina que es lo último que se pierde…
    Tu blog está reviviendo muy bien, Laura

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