Las cuerdas infames


Hace días recuperé el contacto con un amigo, el Antonio, por el Facebook (esa carátula).

Se me hizo extraño solicitarle amistad; hemos convivido (mal que bien) durante un puñado de meses en un ático de Gijón que daba al mar.

En esa época estábamos metidos en un grupo de música que llamábamos Mu (= nada, en japonés), y compartimos miseria y compañía. También momentos sublimes, la otra cara del arte, cuando toca.

Siento no aportar documentos gráficos pues el experimento dio para pegatinas, camisetas, portadas de casetes, alguna fotos buenas que nos hicieron en Francia, vídeos en directo y hasta enormes lienzos que yo misma salpicaba en los escenarios. También recortes de prensa: salimos nada menos que en El País con un titular que decía: “Mu, los otros españoles”. No soy dada a las reliquias, así que no tengo pruebas de ese pasado caótico que se nos esfumó.

Quizás Antonio conserve algo, no lo sé.

Lo que sí le quedan a Antonio Murga son cuerdas infames…

Antonio “MU hurga” en esos sonidos del más hacia allá. Parece que nunca abandonó la partida; siguió rastreando sonidos, siempre inquietantes; juntándose con la peña por desafiar al silencio.

Irreverente desde siempre, Antonio Murga sigue pegando papeles, collages que chillan, mensajes que aúllan como lobos acalorados en la sartén de su ciudad, Sevilla. También pone la oreja, la que perdiera Van Gogh en un arrebato, para escuchar lo que casi nadie oye, sean insectos o mensajes subliminales de un programa de la tele. Al Antonio, que es mu apañaó, todo le sirve para sus pataletas visuales.

Antonio es así, le gusta dar la murga porque es hombre de muy pocas palabras, tan fiel a sus principios estéticos que habría que subvencionarle. Poco impresionable, sigue incombustible al desaliento, porque hasta el aliento sería capaz de transformar en ruido, ¿o era música?

Si te intriga, por aquí andan sus temas Pincha discos. Hilo musical ideal para creadores inquietos.

Posdata: Acabo de saber que Antonio ya no le da al pegamento, que usaba para sus collages. Ahora usa photoshop. Todos vamos entrando en el redil del siglo XXI.

También que se dedica en cuerpo y alma a sus pasiones, que ha sabido convertir vocación en modo de vida, el verdadero triunfo de un artista con talento y tesón. Olé por él.

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