Sobrevivir escribiendo


Escribir es complicado, pero lo verdaderamente espantoso es venderse.

En el fondo, no es tarea del escritor hacer de comercial; sobre todo, de sí mismo. Al final, te pongas como te pongas, no queda elegante. Lastimero, cutre, bajuno, prepotente; un no tener abuela o agarrarse al mandil. No funciona. Por algo se habrá creado la figura del agente literario, digo… Otra cosa es este lujo al alcance que es un blog, porque, oye, aquí se mete el que quiera, que todos son bienvenidos, pero nadie a la fuerza, y como es casa propia, ¿por qué no montar un escaparate con libros, quién te quita? Yo eso lo veo bien, tampoco estás llamando a la puerta en busca de feligreses los domingos por la mañana… El que quiera que haga clic y compre tu libro; el que no, tan amigos.

Sí, ya se sabe que te gustaría tener mogollón de lectores, pero también se sabe que eso no es para todos, porque tantos lectores para todos a la vez no hay. 

¿Y cómo vender, entonces? 

Pues a base de perseverancia, cual hormiga. Ese goteo, plic plac, que no cesa en el caldero en días de lluvia. Ir de a poco, sin agobios. Sin expectativas. Sobre todo, sin expectativas.

El libro (más, el primero) también se regala, no por restarle valor sino porque es tuyo y al menos eso te lo puedes permitir, o ¿no buscabas lectores? A veces, se lo regalas a alguien, conocido o amigo, y aprendes de sus criticas. Y no, no es tirar el dinero; en vez de comprar cualquier cachivache para regalo, les regalas un libro, el tuyo, y dedicado.

No obstante, mi consejo es hacer pequeñas tiradas por no almacenar. Con esto, no venirse arriba… Pues vender, lo que se dice vender, seamos realistas, venderás poco tu primer libro. Con el segundo, ídem.

¿Pero entonces para qué publicar? Por dar el carpetazo, pasar al siguiente, y si posible que sea mejor. (Cuando digo “publicar”, entiéndase “autopublicar.)

Es verdad, entre todos estamos saturando un poco el mercado, pero ¿y la suerte que tenemos de poder hacerlo? Si hemos trabajado durante un par de años, y algo más, en escribir nuestra obra ¿por qué renunciar a verla impresa? (Conste que no trabajo para ninguna plataforma del sector editorial ni saco comisión de mis palabras. Si me conocéis un poco, sabréis que suelo escribir tal cual pienso. Sin intereses creados.)

Otra cosa, bien distinta, es pretender que esa primera novela destaque por arte de magia entre la marabunta de publicaciones. Puede ocurrir, no digo lo contrario, solo que será casi casi un milagro (salvo que escribas tan requetebién que no puedas sino destacar).

¿Dar visibilidad al libro? Desde luego se intenta. De ahí nuestros blogs, esos pequeñas unidades móviles e independientes desde donde vamos, como que no quiere la cosa, sugiriendo la lectura de nuestra última novela, si acaso un vistazo como aquí.

Y nos enredamos, contactando con otros como nosotros que, también, quieren ser escritores; a veces, damos con algún lector…

Y así vamos perfilando nuestro siguiente proyecto, por amor a las letras y a nosotros mismos, sobre todo.

¿Tendrá sentido escribir, siendo una ocupación tan poco rentable?

Eso solo tú puedes responderlo, desde tus circunstancias y tus deseos.

No se puede afirmar rotundamente que nadie vive de la escritura, de que eso es casi imposible (como leí ayer). De hecho, periodistas, expertos del sector editorial o incluso escritores sí pagan facturas gracias a la escritura, pues es su modo de vida. No sé si cobran poco o mucho, de todo habrá, ni que el estatus profesional sea fácil de alcanzar, más bien un mundillo imposible, minado por el enchufismo y las zancadillas, pero no dudo que habrá quien lo consigue con conocimientos y destrezas.

Que pocos, muy pocos, son los escritores que vendan sus libros al punto de vivir de regalías es un hecho, al menos en España (y sospecho que en otros países). Aun siendo afortunados, ni siquiera se les permite vivir solo de escribir, pues habrán de compaginar el trabajo creativo con otras tareas de promoción, divulgación y docencia, cuando no derivadas de un compromiso político.

Pasa que siempre creemos que la vaca del vecino da más leche, y nos figuramos que ser escritor es aislarse en la cabañita del lago y teclear un rato, y pelearse otro poco con el editor, y voilà, listos para subirnos al helicóptero a firmar libros como estrellas rutilantes…

Que yo sepa, la mayoría de los grandes escritores siempre han tenido que compartir su tarea con otra profesión que les diera para comer. No es nada extraordinario ni novedoso. A veces, un trabajo relacionado con las letras; otras ni eso.

Así, si quieres escribir y pagar letras, puedes elegir dos caminos:

  1. Estudiar una carrera afín, tipo literatura, filología, traducción o periodismo, por saber manejar las herramientas del lenguaje, y buscarte un empleo cercano a las letras, (sector editorial, literario, prensa, académico), o algo bien dispar. Y dedicarte en ratos libres a la escritura.
  2. Ser autodidacta, ir más de por libre en tu aprendizaje (lo cual no excluye participar en talleres de creación literaria, así como aprender a escribir mejor utilizando todos los recursos al alcance); trabajar en lo que puedas;  y en ratos libres dedicarte a escribir.

En ambos casos, tendrás que tener un empleo, beca o mecenas, para sobrevivir. En ambos casos, tendrás que demostrar que tu pasión es real y dedicarte a ella con empeño. En ambos casos tendrás que vivir, experimentar, si quieres tener algo que contar. Algo que aportar.

De la escritura no vas a vivir, salvo casos puntuales, que los hay, o si encuentras un hueco en el sector editorial, por ejemplo, un empleo de lector o corrector, cosas por el estilo que no te garantizarán que vivas de tu escritura pero sí de la escritura en genérico.

¿Tiene sentido, siendo así, aprender a escribir mejor?

Sinceramente pienso que sí, incluso si no te dedicas a la escritura. Sea cual sea tu entorno, tus aspiraciones, escribir correctamente no está de más.

¿Venden humo aquellos que ofrecen aprendizaje para escritores, ya sea virtual o presencial?

Pienso que no, de hecho se puede aprender mucho de estos talleres. Además de desvelarnos la trastienda de recursos narrativos, funcionan de acicate que nos impulsa a escribir, a expresarnos.

Lo que pasa es que, como consumidores incautos, queremos que nos engañen. Nos preguntan. “¿Quieres ser escritor?”, y nosotros, ala,  ahí que interpretamos: “¿Quieres ser un escritor exitoso?” Otra oferta podría ser: “Cómo aprender a escribir mejor”, y ahí que nuestra mente delirante lo convierte en: “Cómo aprender a escribir para ser el mejor”. Hay que leer estos lemas sin llamarse a engaños, no entre líneas ni divagaciones.

Lo mismo pasa con las plataformas de autopublicación y sus reclamos tipo “¿Quieres publicar tu libro?”

Nuestra respuesta puede ser “Sí, ¿cómo?”, “No, espera un poco; aún me falta”, sin que nos llamemos a engaño pues, normalmente, no están asegurándonos el éxito ni las ventas, solo una edición, todo lo cuidada que nuestro propio control de calidad les haya permitido (si entregas un manuscrito plagado de faltas, ellos no te lo corregirán, salvo que pagues ese servicio extra).

Bah, entonces, ¿escribir, para qué?

Eso es algo que nadie puede responder por ti. Solo mirando hacia dentro, cada cual sabrá si le compensa o le atormenta.

Si me lo preguntas a mí, te respondo que seguir escribiendo sí tiene sentido, y mucho, aunque la palabra “regalías” todavía me suena a “regaliz”.

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4 comentarios sobre “Sobrevivir escribiendo

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  1. En esta vida lo ideal es dedicarte a algo que te apasione. A veces, vivir de ello no es fácil y hay que intentarlo con toda la dedicación. (Si, aún así, no se consiguiera, siempre quedará la satisfacción del empeño y de haber aprendido, mientras, el oficio.)
    Te doy la bienvenida por aquí.

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