Adiós a Dylan


No sé si conocéis al escritor mexicano, Alejandro Carrillo. Puede que sí, si estáis como yo enganchados a Tinta chida, ahí donde propone: “Ideas y experimentos para ganarse la vida haciendo lo más chingón del mundo: escribir”. (Soy muy fan de los tintachideros, siempre que entro a leer sus propuestas, salgo liberada, rejuvenecida casi, y eso no tiene precio. Recién, convocaron un concurso muy chulo por celebrar su primer cumple, por si os interesa aquí pego las bases.) También es bien posible que no sepáis quién es Alejandro Carrillo, ya que Adiós a Dylan es su primera novela publicada, hace tan solo unas semanas.

Ahí va la ficha técnica, tal como aparece en la página de Me gusta leer

  • Título: Adiós a Dylan
  • Autor: Alejandro Carrillo Rosas
  • Traductor:
  • Sello: LITERATURA RANDOM HOUSE
  • Precio sin IVA: 9.49 €
  • Fecha publicación: 11/2016
  • Idioma: Español
  • Formato, páginas: E-BOOK EPUB, 232
  • Medidas:   mm
  • ISBN: 9786073150453
  • Temáticas: Contemporánea
  • Colección: Random house
  • Edad recomendada: Adultos
  • Premio Mauricio Achar 2016.

    La reseña:

    “Una novela iniciática con influencia de la beat generation, un libro sobre los ídolos, los papás y los ideales a los que nos colgamos para crecer.”

    Y la sinopsis:

    “Me quedé así un buen rato, contemplando al nuevo personaje del espejo, pensando que esta versión se parecía más a mí mismo que ninguna otra, y que si Sara también veía a este personaje guapo y misterioso, esta iba a ser una buena historia.”

    Sara, la chava de la que se enamora Omar, un obsesionado fan de Bob Dylan de 19 años. Sara, la Diosa Trágica que coincidentemente tiene el mismo nombre que la primer esposa de su ídolo. Sara, el ideal de la pureza y la sordidez que lleva a Omar a un viaje a través de la obsesión y la orfandad. Sara, la encarnación de todas las historias que el protagonista quiere vivir para tener “una vida de verdad”, llena de mierda y alegría, virtud y dolor, amor y hambre; una vida afuera de su mente, lejos de su existencia clase mediera.

    “…para mí de su boca salen figuras de humo, poemas que puedo moldear según me convenga”, dice Omar en algún momento. Y ese transformar la realidad en ficción lo lleva a enfrentarse a sí mismo, lejos de la Ciudad de México, en Nueva York.

    Como suelo hacer cuando un conocido mío, real o virtual, publica algo, compré la novela (en formato ebook porque ya no quiero llenar más las estanterías). La leí del tirón la noche esa de la luna espectacular, un acierto pues, aunque me desvelé hasta las cuatro de la mañana, la gente reconoce haber dormido mal esa noche, se ve que por influencia de la lunaza enorme y dorada.

    Me gustó mucho. ¿Cómo no sentirme identificada con el protagonista? (Yo fui muy así como él, de joven… ¿Ven por qué digo que los chidos me son túnel del tiempo?) También me gustaba Dylan, y aplaudo su Nobel, aunque no con el fervor de Omar. El rollo mitomaníaco lo enfoqué hacia Cortázar. Yo también me fui, no a Nueva York, pero sí a París en busca de mi ídolo… Tuve mi Sara de turno (chavo, no chava), y cometí las mismas osadías y me arriesgué hasta tener “una vida de verdad”. Y cuando me supe viviéndola, también me asusté, y tuve frío, y me perdí. Pero de eso hace ya mucho, mucho tiempo, tanto que ni lo recuerdo casi… (Por eso, esta novela me sirve de recordatorio, ya ves tú.) Y en un momento dado también me tocó decirle adiós a mi Dylan de turno, por crecer, mal y tarde, pero crecer.

    Imagino que, para Alejandro Carrillo, ver publicada esta primera novela suya debe de ser de esas cuentas pendientes que toca saldar consigo mismo, con ese Ale que quiso ser escritor, y ya es escritor. Por crecer y tirar adelante. Estoy casi segura de que ahora le resulta primaria, como corresponde a cualquier obra primeriza, pero no porque Adiós a Dylan sea para nada un libro chapucero, sino porque él ya andará más allá, como persona y como escritor.

    La novela está muy cuidada, no busquen gazapos, no hay, en todos los aspectos. Basta con ver el book trailer del autor para darse cuenta de que Alejandro pelea con ganas, canta si toca, y no le hace ascos a la vida. Sabe que para ser escritor solo tiene que escribir, como bien dice su manifiesto. Si acaso, salir a vivir, por si fallan las musas, esas escurridizas.

    Para que nadie piense que estamos conchabados, y porque siempre tendrá que haber un pero, el mío va del capítulo This Land is Your Land que, no sé bien por qué, me suena añadido, pero no me hagáis caso; el pobre Omar salía de un mal viaje, así que no se lo tendremos en cuenta.

    Otra tontería, cuando un tipo, español, bastante patético, dice “bote” para decir “cubo de basura” —contenedor, si está en la calle—, un pequeño fallo idiomático (ver página 161 del ebook). Un quitameallá, sin más.

    Por último, tal vez eché en falta un poquito de traducción del inglés, pero esto es fallo mío que ando como Víctor Manuel, el que no sabe inglés. También es verdad que me esforcé y acabé entendiéndolo todito (por tanto, la novela, además de muy recomendable para cualquier apasionado de la literatura actual, de Dylan, de la beat y de todas las generaciones presentes y venideras, también es un punto para practicar un poco ese idioma que solemos tener en suspense).

    Ah, perdón, se me olvidaba esta sugerencia suya: “Acompaña esta novela oyendo la canción de cada capítulo en www.adiosadylan.com “, que hasta banda sonora tiene este fabuloso libro. A huevo, claro.

    Ahora le envío un correo a Alejandro, solo por leer su respuesta, siempre chida.

    P.S. ¿Por qué este corrector obtuso me subraya como falta esta palabra tan linda?

    chido, da

    1. adj. coloq. Méx. bonito (‖lindo).

    2. adj. coloq. Méx. Muy bueno.

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3 comentarios sobre “Adiós a Dylan

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  1. ¡Oh, No mames! Que chingona nota sobre el libro: me emocionó un chingo, en serio. Ahh, imaginarte leyéndola ahí con esa lunaza, desvelándote, que cosa tan brutal. Voy a compartir esta nota por los cuatro vientos, jajaja.

    Y sí, ahh, ese fallo idiomático se me fue, y eso que le mandé la novela a una amiga española para que no se me fuera nada (por ejemplo, me corrigió la palabra departamento), pero eso del bote sí se le fue (te la hubiera mandado a ti). Gracias por leerla y por acompañar a Omar en este viaje.

    Te mando un abrazo. 🙂

    pd: releo ahora mismo esta nota para emocionarme otra vez.

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  2. A ti, Ale, por escribir desde la vida de verdad, que hay que tener mucho coraje para eso, como decimos por aquí “tenerlos bien puestos”. Será un honor si me envías algo la próxima (soy lince para los demás, topo para mí). Estoy segura de que tu novela no caerá en saco roto. Te lo mereces, por peleón. Un abrazo.

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