Viaje de ida y vuelta


Un periplo es básicamente un viaje, más o menos accidentado, y con retorno. El periplo heroico también es un viaje, pero en la ficción. Como recorrido narrativo funciona desde la noche de los tiempos, en la tradición oral y en los relatos míticos. Durante siglos sostuvo la estructura narrativa de novelas clásicas y más tarde armó el esqueleto de guiones cinematográficos. Si sigue funcionando a pesar del desgaste es que ya forma parte de nuestra manera de concentrarnos en una historia, algo que hemos aprendido con los primeros cuentos de nuestra más tierna infancia, con las historietas o los dibujos animados. Como espectadores, vimos encandilados tantas pelis, series (y a veces algo de teatro), espectáculos en los que se repetía, machacona, la vieja receta, esa que nos engancha a lectores y espectadores, confortados ante la perspectiva de subirnos a una montaña rusa que, sabemos, nos llevará a buen puerto, no sin gritos y aspavientos, allá por el punto final, cuando se cierre el telón o aparezcan los créditos. Un discurrir programado que adoptamos sin pestañear.

Sí, todos conocemos de sobra el entramado del periplo heroico, sin planteárnoslo. Pero ¿cómo es la tramoya del invento que tantos éxitos ha cosechado, desde los griegos (y antes)? Entre bambalinas detectamos que la aventura se divide en las tres consabidas partes: introducción, nudo y desenlace; tres partes o tres actos. Este sería, más o menos, el itinerario, hoja de ruta que tomamos del ya clásico manual, El viaje del escritor, presentado como: “El cine, el guión y las estructuras míticas para escritores”, y publicitado tal que:

El viaje del escritor se ha convertido en un auténtico clásico y obra de referencia entre los guionistas de todo el mundo. Miles de escritores de reconocido prestigio, cineastas, guionistas y estudiantes de numerosos países han comprobado ya el potencial creativo de las propuestas de Christopher Vogler, ya que éstas van más allá del mero consejo para el diseño y la resolución de historias y hablan a cada escritor de una manera diferente.

Volvamos a la propuesta del periplo heroico y veamos cómo discurre el entramado…

Acto primero Presentación

  1. Mundo ordinario y cotidiano puesto del revés por un conflicto que surge.
  2. Llamada de la aventura para resolver el conflicto y volver así a la rutina.
  3. Surge la duda y la resistencia, el rechazo de la llamada.
  4. Encuentro con el mentor (puede ser un objeto simbólico).

Acto segundo Nudo

  1. Travesía del umbral (puente o transición), se toma la decisión pero hay impedimentos y tropiezos. Pese a estos guardianes del umbral, se inicia el camino.
  2. En el camino aparecen aliados o enemigos, según. Preferible fuerzas antagónicas que héroes y villanos, demasiado maniqueos.
  3. Aproximación a la caverna más profunda, donde se esconde el mayor peligro, el miedo total. Ahí es donde se consolida el tema, el “qué” o el quid de la cuestión.
  4. La odisea o calvario, cuando la historia da un giro y se aprende una lección, cara a cara con la verdad. Para superar el calvario pasaremos por una odisea. Habrá que resurgirse de las cenizas y superar pruebas aún más difíciles para lograr el objetivo.

Acto tercero Desenlace

  1. La recompensa o eso que perseguimos sin saberlo. Hemos aprendido lo suficiente para alcanzar la recompensa, pero no será fácil. Es el clímax, la enseñanza, el “para qué” de la historia contada.
  2. El camino de regreso, que será según lo que hayamos resuelto en el clímax. (También puede ser una huida, siendo entonces un final más abierto.)
  3. La resurrección, cómo, superadas las pruebas, se cuenta el regreso a casa, transformado en un héroe con la lección aprendida.
  4. El retorno, con el elixir, al punto de partida para compartir la enseñanza con los demás. (La tribu aprenderá la lección entorno a la hoguera, en el hogar dulce hogar.)

El esquema encaja con el relato de cualquier experiencia vital, sean aventuras de iniciación o batallitas de abuelos. También las aventuras amorosas se pueden contar en esa clave, pues cualquier relato vital (no necesariamente épico), por implicar lucha y superación, se adapta a esa plantilla narrativa, como bien saben los guionistas de Hollywood.

Con todo, el periplo heroico no es, ni mucho menos, la única técnica narrativa de que disponemos para escribir un relato, un guión o una novela —los géneros literarios y el lenguaje cinematográfico experimentan otros recorridos más arriesgados y transgresores que nos permiten salirnos de las ramas—, pero sí nos puede servir de mapa por orientar nuestro relato (no infalible, pues en el bien contar intervienen otras maestrías).

 

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