Biografía asexuada


Ando leyendo a la Pizarnik y busco algunos datos de su vida. Algo que suelo hacer cuando la lectura me parece interesante y sé poco o nada del autor. De Alejandra solo sabía que era poeta (¿o debería decir poetisa?, tengo dudas más sonoras que de lenguaje), de nacionalidad argentina, colega de Cortázar y que vivió un tiempo en París. Me apetecía saber algo más, no por cotilleo (no me gustan los cotilleos, aunque sean literarios).

Encontré fotos suyas, en blanco y negro, como corresponde a la época; reseñas que le hiciera Octavio Paz; retazos de su amistad con Aurora Benítez y Julio Cortázar; referencias a su origen judío ruso; curiosidades como que fuera bautizada Flora y se hizo llamar Alejandra; datos bibliográficos de todos sus libros de poemas; y alusiones, no siempre veladas, a su desgraciada existencia. A su suicidio.

Nada fuera de lo común en la biografía de cualquier escritor —escritora, en su caso—, excepto, bien entendido, ese punto final con el que la poetisa decide concluir su vida, ya que el suicidio no es, no puede ser, no debe ser, consustancial al escritor, ni tiene por qué ser el remate a una vida dedicada a la literatura, volcada entre palabras, aun con todo lo incierta y precaria que pueda llegar a convertirse, pero también todo lo febril y apasionada que, de hecho, es. No, no haremos apología del suicidio, quita, quita, que la muerte llega sola sin falta de precipitarse o mentarla.

Sí, Alejandra Pizarnik murió siendo todavía muy joven (demasiado joven), a los 36 años, y es lógico que ese trágico, pero voluntario, desenlace se mencione en sus biografías.

Lo que ya no me parece de recibo es que encabecen la historia de su vida calificando esta de desgraciada por el hecho de una juventud marcada por ¡el acné! El relato amarilloso añade que su tendencia… ¡al sobrepeso! la empujara a la desesperación, amén de una infancia un tanto infeliz (por causas que, afortunadamente aquí, no se desmenuzan). ¡Por dios!, vale, se suicidó; acudía como paciente al psicoanalista; pasó temporadas interna en clínicas psiquiátricas. Una vida, sin duda, atormentada. Pero también escribió como no se puede escribir de bien.

No dudo que sus problemas de salud, físicos o mentales, repercutieran en ese tormento, hasta el extremo de acabar borrándose del mapa. Es posible que no tuviera un cutis de porcelana ni una silueta de sílfide. Todo eso yo no lo dudo. Lo que me disgusta es que se hable de ella priorizando ese aspecto patológico de su vida. ¿Por qué? ¿Solo porque es mujer? Me da la impresión de que jamás se trataría así el caso de un escritor, joven y atormentado, de ser del sexo masculino. Igual es paranoia mía, no sé.

De cualquier manera, la Pizarnik es una muy grande poeta, poetisa. Y si fue tartamuda (algo que también recalcan), pues bien que lo disimuló cuando escribía.

En fin, leedla, vale la pena, y la alegría.

Pero mejor no la busquéis en la red, que la pintan amarilla. Descanse en paz, Alejandra. Lejos ya por siempre de los temidos espejos.

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6 comentarios sobre “Biografía asexuada

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  1. Laura, toda la razón. Lo que importa es su poesía!!!
    Hoy (vaya la coincidencia ) hice una entrada con una selección de poemas suyos e incluí un articulo de Ivonne Bordelois en el que en uno de sus párrafos señala “Si bien ha existido a veces la tentación de convertirla en objeto de culto o en un mito, es necesario apreciar la figura de Alejandra en toda su complejidad. En ella, el sello de lo trágico es patente y central, pero también el humor, la preservación de la infancia, la reflexión sobre la música, la pintura y el silencio, la mirada crítica sobre la tradición literaria, el ejercicio lúcido de la irreverencia. Así que estas dos pautas tienen que conducirnos cuando nos aproximamos a ella: no se trata solamente de una poeta de la tragedia, de la muerte y del suicidio, sino también de una persona extraordinariamente lúcida, excepcionalmente crítica y con una visión sumamente matizada y rica del mundo”

    Un gran saludo!

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  2. Ves, Claudia, estamos conectadas. A mí estas “casualidades” siempre me dan sonrisas. Leeré tu artículo, no lo dudes. Gracias por apreciar este apunte (hoy estuve corrigiendo un relato y ya estaba bien cansada cuando me puse con la nota de Alejandra, pero quería a toda costa sacarla… de la saombra). Un gran saludo para ti también.

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  3. Como dice Claudia, era una persona de una “extraordinaria lucidez”. Yo diría extralúcida, capaz de ver lo que hay detrás de las grietas. Su poesía está escrita en los intersticios de la experiencia humana, por detrás del telón, a través de las rajaduras. Su pluma tiene algo de escalpelo, precisa, económica, contundente, maravillosa y bella. Eso de que la belleza y la verdad van juntas es algo que la poesía de Alejandra Pizarnik ilustra en cada verso.
    un saludo

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