Capítulo 10 Cada mochuelo en su olivo


Un columpio se balancea bajo el enorme cedro. La selva no se calla, pero se encoje. Denise camina derrengada, cargando un abultado fardo. Ya no puede con su cuerpo, demasiados años. Hace camino con otras mujeres. Vuelven del mercado donde han ido a vender cosas y a comprar otras. Les gustaría ir cantando o pararse a descansar, pero las rutas no son seguras.

Un mirlo se posa sobre la tumba de la familia de Patricia. La madre y la abuela tuercen el gesto, mientras el padre se saca un as de la manga ¿o es un diamante?

El cuidador del zoo, ya jubilado, vuelve sobre sus pasos, no sea que se haya dejado la puerta mal cerrada. Un marinero reumático se revuelve en la tumba, el esqueleto de su gato le hace cosquillas. Una portera centenaria olfatea el pasillo del asilo donde la lejía ya no huele como la de antes. Celia le da cuerda a un reloj mientras recuerda un sueño que se le escurre. Unos gitanos le venden cobre al chatarrero.

Valdés dirige a unos ángeles en el trapecio. Lucio echa cuentas de la alfalfa por comprar y se queda prendado de la palabra “alfalfa”.

El gafitas de la bata blanca endereza un dibujo abstracto colgado en la pared del laboratorio. La veterinaria le cura las heridas a un tigre albino. En el folleto de la exposición, Max está que se sale.

Una bibliotecaria pide silencio, mientras forra libros nuevos. Cada día nos mandan menos, piensa. Los medios celebran el segundo aniversario del 15 M, ¿o es el tercero o el cuarto? Y nadie lleva la cuenta… El tiempo vuela, el desierto sube.

Alicia le prepara una fiesta de bienvenida a Josep, mientras Manu corretea con el perro por el parque. Mauricio firma el cuadro, Bailarina y clown, y se pregunta por qué le habrá dado por pintar escenas de circo, si a él el circo no le va demasiado… Fuster le pide a su secretaria que embale el cuadro del mono que está en el escaparate y que acaba de venderse.

Estrella estrena su pañoleta de gatos. Crespo cuelga fotos en la red para su nueva tienda de trapos, lucyenelcielocondiamantes.com. Hay que expandirse, piensa. Lucía pondera a una clienta lo bien que le queda un abrigo de garras. Le sienta de miedo, le dice. Guadalupe corrige unas redacciones. Tema: ¿Querer es poder? Alguien que pasaba por ahí le saca una foto a la pintada de un mono.

Patricia revisa el inventario de sus esculturas, antes de enviárselo a un cliente que parece estar muy interesado en su colección.

Yo releo la carta que acabo de escribir, en francés, para que mi abuela vea que no olvidé la lengua que ella nos enseñó, para que salgáis al mundo sin complejos, nos decía.

Barcelona, 20/06/2014

Querida familia,

Espero que todos estén bien de salud, como yo lo estoy. Hace tiempo que no llamo y pensaréis que me olvidé de vosotros. Todos los días os recuerdo, solo que pasé tiempos difíciles, pero ya pasó y por fin tengo trabajo. Dicho así parece fácil, pero es un milagro. Os cuento…

Gracias al amuleto de la abuela, conocí a una señora, nacida en nuestra tierra en tiempos de los belgas. Se llama Patricia. Cree que la abuela Denise fue su niñera. Fue ella quien me dio trabajo y alojamiento. La foto que os mando es suya, de cuando era pequeña, por si acaso la abuela la reconoce. Dejadle las gafas del primo para que pueda verla. 

Os quiero mucho. Samuel Sidibé

P.S. Pronto envío dinero.

Doblo la hoja y pongo las señas. Cierro el sobre y le doy un beso. Qué lejos queda mi gente, tanto que me parece imposible que les lleguen mis cartas, pero esta tiene que llegar, pues esta noticia le alargará la vida a la abuela, eso creo. Caminando hacia Correos, miro mi sombra tan alargada y le doy vueltas al sobre, orgulloso de ver al fin mis señas en un remite. Si me atreviera, me pondría a bailar de lo feliz que me siento, pero me contengo y me fijo en el sello que es la estampa de un chimpancé rascándose el cogote y pienso que dios es grande y que he tenido suerte, mucha más suerte de la que nunca me atreví a soñar.


Entro en el lavabo para retocarme; quiero que mi Pancracio me encuentre presentable; yo ya sé que pegué un bajón estos últimos tiempos, por cosas de la edad; de hecho, he decidido retirarme de la pista, aunque siga en el circo, pero adiós trapecio y contorsiones, que tengo la espalda rota. Me dedicaré a la videncia, eso es más tranquilito, sí, a leer los posos del café, a echar las cartas, que todo eso a la gente le va mucho y no castiga tanto el cuerpo. No se lo he dicho todavía a nadie, ni siquiera a los Valdés; tampoco a mi Pancracio, ya lo haré, ya, cuando él vuelva y me pueda cubrir el hueco. Ah, qué poco queda de Beibiyén… No somos nada. Tengo muy mala cara, pero es que encima anoche no pegué ojo sabiendo que hoy me esperaba este viaje en tren. Ja, quién lo diría, toda una vida dando tumbos y ahora me desquicia un viaje en tren, Madrid-Barcelona, que son tres horas, que se pasan en ná, si este tren va volando, que parece que acuchilla el paisaje, pero, ya ves tú, saber que me iba de viaje, así sola, me tenía desquiciada. Que yo no quería este tren tan rápido, que con uno de toda la vida iba que chutaba, pero, ea, cosas del chico que me dijo que yo ya había perdido tiempo más que de sobra por los caminos, así que ahora me tocaba elegir entre el AVE o el avión. Lo que más rabia te dé, me dijo, y yo dije que en ese caso el tren. Los del cine le pagan bien, que se lo puedo permitir y que en esto ahora manda él. Madre mía, lo contento que se puso Lucio al ver a nuestro Pancracio en la pantalla… Y anda que los Valdés no se lo podían creer. Les faltó tiempo para darme unos días, tratándose del chico lo que sea, me dijeron. Nuestro Pancracio convertido en estrella, ay, si el abuelo pudiera verlo… Encima ahora se nos ha ennoviado y todo… Ya tengo ganas yo de conocer a esa Julia, ya. Y a esa señora Patricia, también, que le ha dado buena estrella a mi niño. Huy, si ya llegamos. Ahí está, mi Pancracio, ya lo veo esperándome en el andén. Pero… ¡si está hecho un brazo de mar!

— Juana, qué alegría verte, estás como siempre.

—Calla, mentiroso, que estoy destrozá.

Nos abrazamos y salimos de la estación atropellándonos con preguntas. Mi reino por un café, Pancracio, que vengo destemplada. Nos lo tomamos de camino, me propone.

—Así que tu chica es bailarina, ya es un primer paso.

—Sí, sí, y es buena bailando. Ya verás cómo se adapta a lo nuestro.

De pronto el escaparate de una esquina me llama tanto la atención que me paro, mientras él sigue alabando a su chica. Es el cuadro de un mono, un mono disfrazado de ángel. Me acerco por verlo mejor. Supongo que todos lo monos son muy parecidos, pero este, la verdad, es igualito al nuestro, ese que tan bien amaestró el abuelo. Niño, ¿qué habrá sido de nuestro Max? le pregunto a mi Pancracio, y le pellizco el brazo, suave, como solía hacerle de más pequeño para que me hiciera más caso.

 

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9 comentarios sobre “Capítulo 10 Cada mochuelo en su olivo

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  1. Estoy muy feliz de haberlo hecho así: me daba tanta congoja pensar que estaba perdida en ese almacén de Amazon… Como en casa, en ningún sitio. Hoy, le perdí la pista a Pablo y es como si me faltara algo, ¿estará bien? Un abrazo, Claudia. Ahora sí siento que he pasado página y que puedo ponerme con la siguiente. Gracias por estar ahí, estés dónde estés.

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  2. No lo sé, pero me imagino lo que se siente. Ahora a seguir escribiendo y leyéndonos!!!. PD: Hoy no lo leí pero después del susto de haberse escapado, debe estar más atento a Pablo. Ya nos contará…
    Besos!!!
    PD: Vivo en Buenos Aires y tu relato de la llegada y el paseo por Barcelona, me trajo muchos recuerdos. Estuve solo tres días pero fueron maravillosos!

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  3. Hum, Buenos Aires… Tengo familia allí, son los de Cafés Martínez, no sé si los conoces. Si algún día voy a la Argentina, creo que me resultará tierra conocida de tanta literatura que leí y que tanto disfruté de esos escritores tan fabulosos que se dan por ahí… Mi bisabuelo vivió años en Tucumán y cuando volvió a Asturias siguió tomando mate y hablando como allá.

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  4. Me ha gustado este capítulo, de pequeños relatos. En cada uno se describe al personaje, sin desvelar demasiado. Dejando abierta una ventana a la imaginación del lector. Volviendo a leer la novela, toda, me parece que has jugado bien con los estilos literarios que en ella mezclas. Cuánto tiempo debe llevarte escribir una novela…Y leer además, de esa manera, como cuentas en otro post cercano, novelas de todos los estilos, clásicos, novedades, artículos de wp y estando siempre atenta a interactuar con todos.Tengo entendido que también haces cursos de escritura, y me imagino que de noticias también estás al tanto. De verdad que admiro cómo colocas el tiempo para que te cunda. Enorme!

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  5. Me ha gustado mucho la novela, Laura. Al comienzo estuve algo despistado, pero las piezas fueron encajando, y terminé por sentir que se acabase. Para mí, ha ido de menos a más, como me gusta que suceda cuando leo una novela. Enhorabuena, Laura. Un saludo.

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  6. Muchas gracias, Javier, por leerla y apreciarla. Tu valoración me dará fuerzas para seguir, sobre todo cuando me dices eso de que fue de menos a más. A veces empiezo una lectura prometedora y hacia la mitad del libro o antes pierdo el interés, y me siento defraudada.
    El mayor reto de esta historia, que escribí en los años 2013-14, fue encajar todas las piezas. Saber que lo he conseguido es el mejor aplauso. (Yo no soy tan diferente de Max, después de todo…)
    No se me olvida la promesa de leer “Viento”, en cuanto me instale, como te dije, y vuelva a leer libros de toda la vida.
    Un abrazo.

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