Vivo en ciudades ajenas


“Vivo en ciudades ajenas y a veces converso
con gente ajena sobre cosas que me son ajenas.”
Adam Zagajewski

Vivo en ciudades ajenas y a veces converso con gente ajena sobre cosas que me son ajenas. Otras, si las lenguas me son foráneas, me quedo en silencio, viendo cómo pasan las cosas que no me atañen.
De sobra sé que estoy de paso.
De la primera ciudad, solo recuerdo el traqueteo de un tren, fuga de raíles, pero no sé si es recuerdo o me lo habrán contado. Después, el fabuloso alumbrado de la ciudad de las luces que circunvalamos en un carrusel, hasta llegar a la otra ciudad, la que sí habitamos tanto tiempo que, aun extranjeros, la sentimos casa nuestra y los asuntos, propios. Pero de ahí, después, creímos a bien largarnos… Solo era el comienzo de un periplo, raro.
Y hubo, entonces, otras ciudades que me acogieron, ya sola, y recién llegada a sus vecindarios; ciudades que amé con la desesperación que otorga el saber de lo efímero, la inevitable fecha de caducidad de mi estancia. Otras, por qué callarlo, me expulsaron como a un paria porque no supe, o no pude, implicarme. Forastera, me quedé al margen.
De todas, me quedo con sus arrabales. Y con sus lunas, siempre iguales y cambiantes. “Cuando mires a la luna, acuérdate de nosotros, que también la estaremos mirando”, me dijo mi abuelo.
En sueños, todavía me pierdo entre callejones, plazas y soportales. Hay uno, recurrente: ando vagando por una casba y me acerco a un puesto de comida, quiero pedir algo (las ciudades ajenas me dan hambre), pero no entiendo los letreros, de tan exóticos, indescifrables, y me quedo con las ganas.
Ya luego, repuesta con el café de la mañana, escribo cosas propias para gentes que me son ajenas; leo historias ajenas que ocurren en ciudades que me son desconocidas y que tal vez no visitaré; ahora que, según parece, me voy reponiendo de una vida errante. De vuelta a mis ciudades propias donde al fin converso con gente cercana de cosas que, me temo, a veces les son extrañas. Desasosiego del nómada, complejo de Ulises, dudas del repatriado.

6 comentarios sobre “Vivo en ciudades ajenas

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  1. Nací en Ferrol, ciudad de la que no guardo buenos recuerdos. Mi niñez transcurrió en Pontevedra, de la que no tengo recuerdos, ni buenos ni malos. Pasé mi juventud en Marín, donde dejé un “amor para siempre” que me supo a poco cuando volví en verano; mi madurez transcurrió en Madrid, ciudad a la que no considero mía, pero que me brindó la tranquilidad del anonimato. Sueño con tener una huerta en algún lado, a poder ser menor que una ciudad de provincias. Y mientras busco donde se encuentra ese edén, veo como crecen mis hijos y me asusto de lo rápido que pasa el tiempo. Aquí tienes una lectora encantada de leer como la viviste (y la vives).

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  2. Hijas del éxodo, dispuestas a exiliarnos, buscando ese rincón, ese trozo de tierra donde plantar los pies o hacer el pino, si nos parece. Las idas y venidas nos han enseñado cosas, como que en todas partes cuecen habas, a medida que nuestros equipajes se reducen.
    De nuevo gracias por leerme y, encima, encantada. Lo mismo digo. Un abrazo.

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  3. He leído este bosquejo autobiográfico ahora (voy siempre un poco tarde) y he vuelto a leerlo de nuevo, pensando. Me ha gustado mucho, en el sentido en la sensibilidad (hay verdadera literatura aquí dentro) y en la honestidad, querida Laura

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