Correctora de estilo


Se dice que cuando se escribe no se corrige, son dos acciones tan dispares como encontradas. He leído en alguna parte que cuando toca corregir su propio texto conviene hacerlo en otro espacio distinto a ese en donde se ha estado escribiendo, por diferenciar y hasta disociar estas dos actividades, la escritura y la corrección que, si bien deben ser complementarias, no comparten mentalidad.

A menudo la corrección se convierte en auténtico calvario, sobre todo para el escritor principiante que se enfrenta él solo a un texto suyo, que ya se sabe de memoria. Por supuesto, es consciente de que deben de haber erratas, errores y gazapos, pero ¿dónde?

El corrector del procesador de textos, sea Word o el que sea, si lo tenemos activado, hace un primer barrido, básico, pero ya sabemos que esa primera criba es insuficiente. Además, ni siquiera es 100 % fiable, ni mucho menos. De no ser así no existiría la figura del corrector.

Por supuesto lo ideal es contratar los servicios de un buen corrector de estilo, pero esto no siempre es factible si tenemos en cuenta el desembolso que supone.  Un desembolso que en el fondo no es tanto como pensamos: el oficio de corrector, como el de traductor y otros del gremio editorial, está mal pagado. Encargarle la corrección de nuestro texto o manuscrito a un profesional seguramente es una buena inversión. Igual que contratar los servicios de un maquetador profesional y de un diseñador de cubiertas. Y, sin embargo, nos resistimos.

Es verdad que esta decisión de si dejar revisar nuestro futuro libro o no por un profesional nos pilla en un momento de agotamiento mental, ese estado de vacío y perplejidad que nos asalta después de poner el punto final de nuestra historia. Nos hemos entregado con tanta energía a esa tarea que pagar suplementos extras nos supera.

A veces hasta albergamos la secreta esperanza de “enriquecer” con nuestras letras o al menos sacar un sobresueldo. A menudo, escribimos desde la precariedad… Por tanto, descartamos contratar a ese corrector de estilo que sin duda habría mejorado nuestro manuscrito con su saber hacer, y el manuscrito ofrecería entonces un aspecto más limpio, depurado y profesional.

Yo reconozco que nunca contraté tal servicio. No obstante debería haberlo hecho. Admito que siempre pensaba: “bah, cuando escriba otro, entonces sí que pido una revisión”, como si ese último manuscrito todavía no justificara tal gasto. De momento, he logrado publicar cinco y he leído no sé dónde que una no es escritora hasta que llega a los siete libros. ¿Contactaré con el corrector cuando por fin sea una escritora de verdad? (Me faltan dos libros; esos dos proyectos que ahora me ocupan y a ratos me desvelan). Habrá que verlo…

Entretanto, no pude por menos que apuntarme a un curso de los que ofrecen Cálamo & Cran  en su propuesta de formación online. Sí, un curso de corrección de estilo. ¿Que qué tal la experiencia? Os diré que muy positiva; el campus virtual, impecable; los contenidos teóricos, asequibles; las prácticas, muy didácticas y la comunicación con el tutor, fluida y resuelta. En definitiva, aprendí un montón y en unos días, cuando acabe el curso, recibiré mi flamante diploma de Correctora por la Universidad Europea de Madrid (ya sé que lo tengo aprobado porque entregué el examen final hace un mes y mi tutor, Alfonso Ruiz Carrasco, le dio el visto bueno, incluso me felicitó).

Cálamo & Cran también ofrece otros servicios editoriales, además de formación presencial y online para correctores, traductores y editores. Os dejo aquí el enlace por si queréis echarle un vistazo. Publican muy buenos artículos en el blog y son muy activos en las redes. De hecho, fue así como los conocí: me llamó la atención esa hormiguita roja, su logotipo, que pululaba por Twitter, y ya la fui siguiendo… hasta aquí.  Ese hormiguero me parece un lugar a tener en cuenta cuando algún día yo me decida a solicitar los servicios de un corrector de estilo.

Quizás esto último os parezca extraño, teniendo en cuenta que en breve yo también seré correctora de estilo. Hay una explicación: el hecho de que a partir de ahora estar más capacitada para corregir textos ajenos no implica que ser capaz de corregir los propios. Falta esa distancia y perspectiva necesarias para encarar una corrección con cierta objetividad. A unas malas, es posible corregirse con algo más de criterio y conocimiento, aunque siempre será difícil detectar puntos flacos propios. Sobra implicación emocional con el texto. El bolígrafo rojo ha de ser implacable.

Hablo de bolígrafo aun cuando en la corrección sobre pantalla se suele usar el control de cambios, una función utilísima para corregir y para el seguimiento de la evolución del escrito. Todo eso y mucho más es lo que se aprende en este curso de Corrección de estilo, cuyo enlace vuelvo a pegar aquí.

Quiero aclararos que no es exactamente lo mismo una corrección ortotipográfica que una de estilo. Hay casos en los que una ortotipográfica es suficiente, pero lo normal es que se requiera una de estilo con una revisión ortotipográfica final, pues la intervención que se realiza sobre el texto (que puede variar según los diferentes niveles, desde superficial a profunda) modifica no solo la redacción. También su forma. Por eso es importante una última revisión del resultado tras la intervención del corrector de estilo.

Debo decir que me ha parecido una práctica difícil, mucho más de lo que pensaba… Ahora, después de conocer un poco este mundo de la corrección, valoro aún más la labor de estos profesionales. En mi opinión estos deberían incluso figurar en los créditos de las publicaciones, sobre todo cuando se trata de textos exentos y de una cierta envergadura, ya sean periodísticos, divulgativos, académicos o literarios. ¡Más que nada los literarios!

Algunas veces me da por imaginar ¿cómo se transformarán mis novelas y relatos después de una buena intervención correctora? Como esas fotos de propaganda donde contrastaban fotos del antes y del después; por ejemplo, señor obeso y mismo señor a dieta con mil kilos menos, ¿así de impactante? Algún día lo comprobaré. Prometido.

Para concluir, copio y pego la reseña del curso en cuestión, y así no hay pérdida ni excusa:

La corrección de estilo es una de las labores más difíciles de la edición. ¿En qué consiste? La idea es conseguir que el texto realice al 100% su función comunicativa, es decir, que la estructura, el vocabulario y la redacción encajen perfectamente con el público objetivo. Mejorar el estilo sin “tocar” el estilo del autor. La realidad empresarial reclama estas correcciones en todo tipo de textos: jurídicos, manuales de empresa, instrucciones, normativas, literarios… Pretendemos que adquieras la formación necesaria para analizar textos -propios o de terceros-, intervenir en ellos y mejorarlos.

Uem
CURSO ACREDITADO POR LA UNIVERSIDAD EUROPEA DE MADRID
Cálamo y Cran diploma

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