Categoría: Libros caseros

Un poco de portafolio no viene mal


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Un mono en la despensa


Ficha

Laura Antolín

ISBN 9781505480900

Amazon

Publicada en diciembre 2014

131 páginas

Novela corta

Apta para todos los públicos (crossover book, que se le dice ahora).

La novela, disponible en Amazon, se puede pedir en papel, impresión bajo demanda, o en ebook.

Aquí se brinda la posibilidad de leer primeras páginas, échale un vistazo.

Índice

  1. Los sueños, sueños
  2. Más se perdió
  3. Ver, oír y chillar
  4. Aunque se vista de seda
  5. Pintor, que pintas con amor
  6. Tanto tienes, tanto vales
  7. En boca cerrada, no entran
  8. Si te he visto, no me acuerdo
  9. Arrieros somos y en el camino
  10. Cada mochuelo en su olivo

Sinopsis

Escribir una sinopsis recién acabada una novela es muy complicado. Pienso que es una tarea que no le incumbe al autor, pero cuando no hay editor por medio no queda otra que arremangarse. Yo lo intenté y después de mucho tachar la cosa quedó en:

Mi hermana soñó con un mono en la despensa… Pero Max me aconseja: ver, oír y callar.

Ya sé, algo escueto…

Por eso, ahora que ya pasó tiempo, vuelvo a intentarlo.

Un mono en la despensa fue un sueño que tuvo mi hermana cuando éramos pequeñas, un sueño que yo me creí y que me sirve de pretexto para evocar nuestra infancia en Bruselas, incluyendo las aventuras que me contaba mi amiga Patricia de cuando vivía en el Congo.

Con la excusa del mono, que se convierte en Max, el mono sabio, relato mis experiencias de una temporada en el circo, de las que rescato a dos personajes para mí muy entrañables, Beibiyén y Pancracio, el cómo se salvan uno al otro y cómo el chico se inicia al mundo y se adapta a la vida sedentaria en Madrid.

Finalmente, recalo en Barcelona, esa ciudad donde renací, con una Patricia ya adulta y un Pancracio joven que se encuentran por casualidad sin saber que los dos han conocido y querido al chimpancé. La nena que dibujaba el mono en sus libretas, ese que vivía en la despensa de su casa, también se hizo adulta; ahora es una pintora que intenta colocar su obra, a la vez que educa a su hijo pequeño. En un momento de bajón creativo, el mono se le aparece en unos dibujos con los que consigue, al fin, la atención de una galería. Beibiyén, que en su momento adoptó a Pancracio, visita a su hijo adoptivo en Barcelona donde el chico encontró trabajo en el circo Raluy, y al pasar delante de un escaparte, se fija en el cuadro de un chimpancé que bien podría ser Max…

La novela trata sobre cómo estamos todos, aun sin saberlo, medio conectados, y el mono simboliza esa parte más animal e intuitiva que nos acerca a los demás, aunque no sepamos el porqué. Porque Un mono en la despensa no es solo la biografía de un chimpancé, es un entramado de historias en las que Max es ahora secundario, ahora protagonista, ahora extra, pero siempre presente, como lo está nuestra condición animal.

Estructura

Un mono en la despensa es una novela corta, de apenas 131 páginas. (Callejón con salida, primera novela, también es una novela corta; se ve que esta fórmula de nouvelle me va más que escribir un tocho, ¿o será que no doy para más?)

Al igual que en Callejón con salida también me construí mi propio laberinto, al estilo oulipo, (según la definición de Raymond Queneau: “un ratón que construye él mismo el laberinto del cual se propone salir”), aunque me temo que los lectores no se hayan entretenido en perderse por los vericuetos del laberinto, quizás por temor a perderse, o por causa de mi estilo, todavía primerizo, no lo sé. Pero la intención fue que se pudieran leer los diez capítulos “de cabo a rabo o como más rabia te dé”, admitiéndose lecturas según la fórmula de combinaciones de diez en diez, lo cual da un número impresionante de posibles maneras de leer la novela. Por eso advertía que era una lectura ideal para amantes de los rompecabezas. Sí, todo esto de los laberintos me va mucho, calma mis compulsiones obsesivas, a la vez que me amparo en esos experimentos tan cortazianos que me deslumbraron cuando empezaba a aficionarme a la literatura y que, aún hoy, me fascinan.

El caso es que se puede empezar a leer la novela por el final o por el capítulo que quieras y enlazar con otro, sin seguir el orden lineal del 1 al 10, pues la sombra de Max todo lo cobija.

Personajes

A parte de Max, el chimpancé protagonista, cada capítulo tiene sus propios protagonistas: la nena Alicia y su amiga Patricia, Beibiyén y Pancracio, además de otros secundarios, entre los que destaco a Celia, la hermana de Alicia, y a Manu, el hijo de Alicia (casualmente la novela les está dedicada). Por supuesto, también hay extras: la madre de Celia y Alicia, la maestra; la familia de Patricia y Denise, la criada congoleña; Valdés, Lucio y la troupe del circo; Crespo, Lucy y Guadalupe; la bibliotecaria y los indignados; los cuidadores del centro de rehabilitación; Josep, el marido de Alicia y padre de Manu, Mauricio, el colega pintor de Alicia; Julia, la novia de Pancracio y Samuel, el nieto de Denise. A todos los menciono en el último capítulo, Cada mochuelo en su olivo, siguiendo el proceder que ya utilicé en mi primera novela, Callejón con salida.

Manu (que aparece en la foto de la última portada del libro) es un niño que se niega a colorear sus dibujos, algo que contraría bastante a su profesora, y que a su madre, pintora, la tiene perpleja:

Mientras preparaba emparedados de queso y ensalada de zanahorias con aceitunas negras, recordé que durante el embarazo un amigo me había prestado la filmografía completa de Chaplin. Estuve viéndola sin hacer otra cosa una semana seguida. ¿por eso era que Manu prefería todo en blanco y negro?

Escenarios

La novela se sitúa en escenarios geográficos muy dispares: Bruselas, el Congo, La Mancha, Madrid y Barcelona. También los espacios, que van desde una despensa hasta la pista del circo, pasando por un taller de pintura, calles de Madrid o de Barcelona, la clase de una escuela primaria, un aula de instituto, la jaula del zoo, una caravana, una furgoneta, una galería de arte, una acampada, una biblioteca, el rastro o los encantes…

Un mono en la despensa es, sin duda, novela errante.

¿Autoficción?

También en esta segunda novela mía hay pasajes de mi vida, ¿cómo no?

La niña que vive en Bruselas y que se cree el sueño de su hermana, soy yo. Mi hermana, Cecilia, tuvo este sueño del mono en la despensa. Ni ella ni yo lo hemos olvidarlo.

La nena que dibujaba monos en sus libretas será, de mayor, la pintora a quien se le aparecen figuras simiescas. Y esa pintora, madre de Manu, se llama Alicia (quienes hayan leído Callejón con salida reconocerán a su protagonista, también pintora).

Las escenas del circo no son una recreación literaria, son vivencias, pues pasé una temporada en el Circo de los Quirós.

Los personajes de esta novela son retratos de personas que me encontré y que me impactaron. Solo jugué a entrelazarlos… Por supuesto, los escenarios urbanos, Bruselas, Madrid y Barcelona, han sido lugares donde he vivido.

Solo Max, mi chimpancé, es producto de mi imaginación, aunque su periplo vital sea, en el fondo, un calco del mío.

Créditos

La novela está dedicada a Nini, mi hermana que soñó con el mono, y a Tadeusz, mi hijo, por habérmelo recordado (cuando, de más pequeño, me pedía que le contara historias de mi infancia belga, antes de dormirse).

En los agradecimientos, vuelvo a citar a Astrid Antolín, como mi correctora, así como a mi otra hermana, Marianne, a Isabel Suárez y a Juan Gutiérrez, como lectores cero.

También menciono a Alejandro Quintana, que me hizo el informe de lectura, y a Pere Sureda, que leyó el manuscrito.

Añado a mi madre, Cecilia Suárez, siempre pendiente de difundir lo que hacemos; a todos los libreros que han aceptado el libro en depósito; a las bibliotecarias de Suria, Maria Àngels y Juanita, por su apoyo, y a todos los lectores, amigos o anónimos que compraron y leyeron la novela.

A Stanislaw Sedenko, mi compañero que apenas llegó a ver ese libro en el que tanto me vio trabajar, a él mi eterno agradecimiento, siempre.

Banda sonora

Balance

El mono no nació en buen momento. Lo saqué de la despensa en diciembre de 2015 y me quedé agotada y sumida en una tristeza indescriptible. Fueron unas Navidades en las que anduve acongojada, malos presagios. En enero, después del día más triste del año, en casa nos llegó el día más triste.

El libro andaba por Amazon, pobre mono ¡otra despensa, solo que mayor!, y yo no tuve fuerzas para sacarlo adelante como habría sido lo suyo. No tenía fuerzas ni para comer, así que esa otra empresa, de la que además me olvidé, se volvió tan borrosa como el resto de la vida.

A pesar de todo esto, y gracias a la ayuda de mi familia y amigos, algo sí que se vendió. ¿Exagero si digo que fueron 100 ejemplares? Quizás sí. Ni siquiera los conté… Al ser impresión bajo demanda, sé que pedí varias entregas cada una de 20 ejemplares, unos para Asturias, otros para París y otros los vendí en la presentación, la única que fui capaz de hacer, aquí en Cataluña. En casa tengo un ejemplar, pero no me convence, aunque hice una segunda revisión y hasta una tercera que no llegué a ver.

Sí, hay historias que no nacen con buena estrella. Pero no tiene importancia, hay que seguir.

A pesar de todo, hay que seguir. El arte, al final, es siempre eso: seguir a pesar de todo.

Reseñas

Estas son las dos reseñas publicadas en la página de Amazon, las dos me puntúan con cinco estrellas. Me sentí halagada; ni siquiera conozco a esos lectores que han tenido la amabilidad de opinar.

Si leíste mi novela, ¿por qué no entras en Amazon y dejas un comentario?

Me sorprendió su lectura, en ningún momento dejas de pensar en cada una de sus historias magníficamente unidas con un lenguaje sencillo y ameno. Altamente recomendable para evadirse de la cotidianidad.

Es una novela fresca, escrita con gracia y estilo y con una temática muy original.Es una lectura fácil y muy entretenida.

Por salir del “Callejón con salida”


Cinco años después publicar mi primera novela, reflexiono sobre la experiencia con la serenidad que da la perspectiva. Mi balance es cien por cien positivo. Sé que la publicación es mejorable, pero también las he visto peores… En aquel entonces yo di todo lo que tenía que dar, y eso es lo que me importa de verdad.

En estas entradas que iré publicando estos días, verás algo de la trastienda del callejón. Si lo has leído, te hará gracia; si no lo leíste todavía, puede que te entren ganas de leerla.

Espero, en cualquier caso, que disfrutes de la visita guiada a mi callejón.

Fichada

Callejón con salida

Laura Antolín

Ed. Círculo Rojo

ISBN: 978-84-9991-419-0

Depósito legal: SE-8364-2011

Impresa en España

Publicada en noviembre 2011

Género: novela

136 páginas

Formatos: papel y digital.

Disponible en Editorial Círculo Rojo, Amazon, Librería Agapea y El Corte Inglés.

También en préstamo de la biblioteca pública (si no la tienen, te la piden).

Te la puedo enviar, solo tienes que rellenar el formulario y arreglamos detalles.

Índice (títulos como abalorios de un collar de acciones)

  1. Salir de los vasos
  2. Comiendo sombras
  3. Sonrisa sabática
  4. Bailábamos descalzos
  5. Canción sin estrella
  6. Amores feos
  7. Cocina de mercado
  8. Salut!
  9. Solo veo medio mundo
  10. El cielo lagrimea
  11. La fuga de la golondrina
  12. Un escondite para la rabia
  13. Los sueños recordados
  14. ¿Subir o bajar?
  15. Trasnochar a lo fatuo
  16. Con escaso pensamiento
  17. El retrato escondido
  18. Un agujero para el olvido
  19. Destejer entuertos
  20. Hora de perdonar
  21. Despedida en el callejón
  22. Han intervenido
  23. Merci !
  24. Post data

Sinopsis

En “Callejón con salida” reflexiono sobre el difícil y tortuoso camino del arte.

La novela cuenta unos pocos días en la vida de una pintora joven y desarraigada que se busca la vida en los barrios céntricos y mugrientos de la ciudad de Barcelona, en plena resaca después de las olimpiadas. La protagonista, Alicia, cavila desde su soledad, seguida por su perro, esa sombra peluda, sobre cómo salir adelante con ese oficio tan incierto que se ha buscado. Su vecina, Edith, anda todavía más confusa, tanto que desaparece en esos vericuetos lóbregos, esos callejones grasientos. Alicia intenta buscarla, en vano. ¿Se perderá, ella también, o será capaz de salir del callejón?

Callejón con salida nos habla, en medias palabras, de la búsqueda de un lugar en el mundo cuando el camino elegido es el arte, eso tan incierto y tan “inútil”, que explica el mundo.

Estructura

Creo que una primera novela ha de ser breve. Incluso la segunda, y hasta la tercera. No considero la brevedad un defecto, sino todo lo contrario.

Evidentemente cuando lo escribí el manuscrito era un poco más largo, pero al corregirlo me di cuenta de que sobraban páginas, así que las eliminé. Con los personajes que también sobraban me costó un poco más, pero fui dura y los retiré de la historia, todo con tal de enfocar el argumento en ese angosto callejón. Mi hermana, Astrid, a la sazón mi correctora, también en eso me ayudó; a mí me temblaba el pulso y se me achicaba el corazón… No, no podían intervenir todos-todos, no era una novela coral, me escribía Astrid desde París. Ya, pero…, decía yo. Ahora, aunque todavía echo en falta a esos que borré, comprendo que era necesario.

Por no alargarles el cuento, el periplo de Alicia quedó reducido a 136 páginas, divididas en 24 pequeños capítulos.

También con la voz narrativa hubo sus más y sus menos; primero, la redacté en 3ª persona, tal vez por distanciarme; después, admití que eran confesiones, así que me aclaré la voz y lo pasé todo a primera.

La única pena que me quedó con este libro fue el título que le puse, desacertado porque ya existía un libro de relatos de una escritora argentina, Elsa Osorio, a quien le pido excusas pues fue pura ignorancia por mi parte. Fíjate que mi título desde el principio era otro: La mugre es ágil, pero después dudé y lo acabé cambiando. Que no me arrepiento del “Callejón con salida”, y que probablemente el título de la mugre fuera algo bukowskiano a lo tonto (y ya el incluir una cita del escritor me quedó algo ambiguo…) De todas formas algún día quisiera escribir sobre lo ágil que es la mugre.

¿Autoficción?

Cuando empecé a escribir esta novela en 2008 había abandonado ya ese calvario de malvivir de la pintura, ese oficio que ejercí desde muy joven y que me enseñó las luces y las sombras del éxito pero sobre todo del fracaso.

Ya de adolescente fui propensa a escribir diarios, un ejercicio cotidiano y terapéutico que debió de ayudarme bastante. Al volcarme de lleno en la pintura dejé esa disciplina, mal que me pesara después… (Ahora, he vuelto a mis libretas.)

Como lectora siempre fui sensible a esas historias vividas, historias surgidas de lo verdadero, eso personal y transferible a través del relato biográfico.

Quizás por eso no dudé en utilizar mi propia experiencia vital al escribir mi primera novela. Quise, en todo momento, hablar de las cosas que conocía verdaderamente, sin tener que fabular. ¿Para qué inventarme nada si lo vivido todavía me resonaba dentro y quería expresarlo?

Por eso me centré en mi callejón, partí de mis días y noches en Barcelona en esos años desde 1993 hasta 1998, un episodio como otro pero de algo había que arrancar y me pareció material narrativo de sobra como para no tener que inventarme más nada.

Así, la pintora desorientada y un tanto enfermiza soy yo misma, y todos los personajes con los que me relaciono han existido o todavía andarán por ahí…

Cuando algunos lectores quisieron saber si “la novela tenía pasajes autobiográficos” no dudé en contestar que sí. (Para quienes me conocían era demasiado evidente como para negarlo.)

Sin embargo, preferiría la etiqueta de “autoficción” pues también es verdad que no he podido contarlo todo como me habría gustado, por cuestiones de pudor y por respeto a la privacidad, propia y ajena.

Personajes

Sin duda fue la Gatera el personaje más querido por los lectores; lo comprendo, yo también la quise, aunque su papel fuera secundario.

Me resultó difícil, en cambio, retratar a mis amigos, pero ahora, que ya ni estamos todos, pienso que el desvelo valió la pena, algo sobre ellos, una instantánea, quedó.

Me sigue gustando la versión que le di al staff en la página 131, donde cito a todos los que han intervenido, sin olvidarme de los extras ni de los besugos, todos deambulaban por mi barrio marinero.

Crítica

Tengo que decir que los lectores fueron muy benevolentes. No, las críticas no fueron feroces, si bien hubo impasibles. Lo normal.

Algo que me encantó con este libro mío fue conseguir lectores en personas que normalmente casi no leían, me sentí útil.

Casi todo el mundo se quedó con la gatera, ¿sería ella la principal y no Alicia, pobre pintora?

Del primer manuscrito al libro, pasaron muchas cosas, muchos chismes que borré, porque escribir sobre los demás acaba siendo indiscreto, autoficción la justa y con una misma, que los demás no tienen por qué salir retratados.

El libro, como objeto, me gustó cómo nos quedó, a mí y a los de la editorial y la imprenta, no desdice para nada a pesar de haber salido sin el amparo de un editor.

Ahora, también te digo que, si tuviera tiempo, ahora la reescribiría y la editaría como dios manda.

Créditos

Son muchos los agradecimientos, tantos que seguro olvido a alguien. Que me perdone.

Quien me permitió el lujo de escribir esta novela fue Stanislaw Sedenko, me financió y me preparó los tés a media tarde. No solo fue mi sponsor (no sé si supo que era mecenas), sino que creyó en mí.

Otro aries que me arrastró hasta que saliera del callejón fue mi hermana, Astrid Antolín, correctora, asesora y publicista.

 Destaco la ayuda de Cecilia Suárez, Isabel Suárez, Cecilia Antolín, Marianne Antolín, Juan Gutiérrez, Guadalupe Enríquez, Maria Solsona y Germán de Castro.

Gracias a los libreros de Sant JordiLa rosa de foc, Alibri, Documenta, Cervantes y Ojanguren, Chely, Miguel La Cantina; a la biblioteca pública de Suria; a los lectores de aquí y de allá (yo nunca llegaré tan lejos como llegó mi callejón).

(Esto de redactar un discurso de agradecimientos no es fácil…)

Banda sonora

Estos son los temas musicales de la novela, músicas de fondo de aquellos días, que escuchaba en mi radiocasete salpicado de pintura o en la máquina del bar.

Piensa en mí – Luz Casal

Starless – King Crimson

Requiem – Mozart

Volando voy – Camarón

Publicación

Las plataformas de autopublicación no gozan de buena prensa, por unos motivos y otros. Supongo que no hay que pedir peras al olmo y así ahorrarte desilusiones.

Yo elegí Círculo Rojo, casi al azar. No diré que el servicio me haya decepcionado. Todo salió conforme lo pactado. Mi valoración es positiva. Supongo que habrá otras empresas mejores, pero esta cumple sus propósitos, al menos conmigo así ha sido.

Balance

Escribir la novela de las fatigas del callejón me lamió heridas.

Fue un atrevimiento por mi parte (entonces yo todavía escribía con faltas), pero tenía tantas ganas de decirlo… Así que me lancé, moldeando un esqueleto oulipo a mi manera, engarzando las perlas del collar. No me fue tarea fácil, no pienses, me costó, tesón, y hasta algunas lágrimas.

Aprendí tantas cosas al salir de mi callejón… Ahora no me imagino jugando a la escritora si no conociera algunos secretos —sacados con gancho que no me regalaron ni medio—, pero ahora yo comprendí algunas reglas del juego, ya no soy tan novata como cuando rellené el contrato con la plataforma de publicación —mal llamada editorial—, y la carta, con destino Almería, se perdió y llegó a Arizona, o Atlanta, no recuerdo, y yo me angustié unos días tan a lo tonto por esa carta que no le llegaba al editor, y yo sin ponerle aún comillas al oficio, ni al mío ni al del otro.

¿Qué más daba todo? Lo importante fueron esas cajas de cartón llenas de mis libros, cientos de callejones que vivieron en el pasillo de casa, y se fueron emancipando, y algunos hasta viajaron: a París de la Francia, a Bruselas cómo no, a Madrid de ahí al cielo, una hora en Zamora, en las selvas de Costa Rica, en Japón en flor, por los lugares asturianos, por las bibliotecas de Cataluña, por las mesas de los editores, por casa, qué sé yo dónde estará mi callejón…

No recuerdo bien todos los números (aunque por ahí los tendré), pero sé que en seguida amorticé la inversión, tuve (y tengo) libros para regalar, vendí un montón en las presentaciones, los libreros se hicieron cargo de algunos ejemplares en depósito (dijeron que, por lo menos, la portada era guapa; los catalanes, halagados por ser Barcelona la escena, los asturianos, por ser paisanos míos). Total, que los callejones volando fueron. Las pequeñas ganancias las invertí en la escritura: un programa word nuevo, diccionarios, libros, libretas, tinta par a la impresora, franqueo para envíos, etcétera.

Publicar esta novela fue cumplir un sueño, y eso no tiene precio.

Lara me lee


Hola, hermana mayor de mi queridísima Astrid. Tu sister, que además de correctora es una excelente publicista, me regaló tu segunda novela, de la que ya te hice un pequeño comentario. Ahora me ha prestado la primera, que me ha gustado más. Tengo debilidad por el hiperrealismo en cualquiera de sus formas artísticas (novelas, relatos, cómics, pelis, fotos, canciones, escultura, pintura,…), como si no tuviera suficiente con mi cotidiano. Me he identificado mucho con Alicia. Además tu estilo, frases cortas, directas, capítulos breves, vocabulario corriente,…me encanta. También creo que has sabido mantener muy bien el suspense con su enfermedad y  con el personaje de Edith.
Bravo y gracias! No dejes de compartir lo que llevas dentro.
Un beso y abrazo fuertes y espero conocerte algún día.
Lara Barcelo

Ellos opinan


Lara dice

Gracias por compartir tu linda imaginación. Tu cuentito me ha parecido una monadita (nunca mejor dicho). Me ha acompañado todo un fin de semana que pasé en Berlín, y hacía mucho tiempo que no conseguía leer una obra de un tirón, engancharme. He tenido un poco la misma sensación que cuando leí “Sin noticas de Gurb”, me he reído y me ha hecho reflexionar sobre la condición del ser humano, las etapas de la vida, lo cotidiano, lo que parece y no es, y lo que es y no parece, la familia, … Gracias otra vez y hasta muy pronto.

Paco dijo:
Pero empecemos por “Un mono en la despensa”. Sencillamente, me ha encantado. El estilo de escribir de Laura, tan en las Antípodas del mío, me parece genial, tan fresco, tan irónico, a veces rayando la mala leche. En cuánto ese cocktail de realismo y  magia me ha cautivado. Luego está el que está descrito de distintas puntos de vista de los protagonistas que le dota de una perspectiva más rica. También me gustaron los detalles autobiográficos de cuando vivíais  en Bruselas, incluso me acordé de algunos de ellos, y de donde me los comentaste ( en el bar que estaba situado en la Escuela Oficial de Idiomas de Alicante). Hubo momentos, mientras leía la novela que incluso lloré, y eso que me cuesta bastante. Un delicia. La única crítica, digamos, menos positiva que puedo hacer es que hay un capítulo, el sexto exactamente, cuando Pancracio se va a vivir una temporada larga a Madrid, la parte mágica y el ritmo que tiene todo el relato hasta entonces decrece bastante, según mi opinión. Pero poco después, me vuelve a entusiasmar hasta el final. Dale la enhorabuena a Laura.

LAURA ANTOLÍN. Un mono en la despensa.

Laura Antolín, en la contraportada del libro,  califica su novela como una obra “para leer de cabo a rabo o como más rabia te dé.” “Apta para todos los públicos preferiblemente amantes de rompecabezas.” Si bien es cierto que la novela permite una lectura por capítulos de forma independiente, puesto que todos tienen una estructura interna en la que se plantea un final; no es menos cierto que, siguiendo la clasificación de Todorov,  estaríamos ante una “narración alternada”, es decir,  se van contando varias historias simultáneamente, interrumpiendo ahora una, después la otra, y prosiguiéndolas posteriormente en otro capítulo.  La historia de las aventuras y desventuras del mono que nació en el Congo y que fue dando tumbos a lo largo de su vida se convierte en el nexo de unión de la novela (el mismo mono protagoniza algunas de las historias de la novela narrándola en primera persona).

El hecho de situar el ojo del narrador en diferentes personajes otorga al relato diferentes puntos de vista con los que el lector va encajando piezas y  construyendo el rompecabezas que se nos plantea.  La utilización de un mismo tono narrativo, mediante la primera persona,  contribuye a dar unidad al texto y también a conocer la actitud emocional de la autora respecto a los personajes y a los hechos narrados; sin embargo, pierde cierta verosimilitud puesto que todos los personajes/narradores hablan de forma similar, sin tener en cuenta aspectos relacionados con el nivel social, la edad…, permitiendo de esta forma que el lector pueda caer en el error de identificar la voz narrativa con la voz  de la propia autora.

Con un lenguaje rico, lleno de imágenes plásticas, aunque con un cierto abuso de frases hechas protagonizadas por “monos”[1], Laura Antolín no sólo nos narra un conjunto de historias que van desde la del primate que viaja del Congo a Europa, hasta la protagonizada por  gran familia del circo,  pasando por la de la dibujante que sólo pintaba chimpancés o la de la niña que encontró un mono en la despensa… Antolín va más allá de la pura anécdota para hablar de la solidaridad y del destino de las personas o denunciar el sistema educativo y el maltrato animal sin maniqueísmos, con ironía e integrándolo en el discurso narrativo.

Las citas que preceden la novela, además de hacer referencia al leitmotiv de ésta,  nos revelan la intencionalidad de la autora frente al texto, tomando como referencia a dos escritores que innovaron técnicamente la narrativa de su tiempo: Jorge Luís Borges y Julio Cortázar.  Es indudable la influencia de la lectura de Rayuela en la construcción y planteamiento de la novela de Antolín, así como también la elección del relato breve como género esencial con el que expresarse para huir del “desvarío laborioso y empobrecedor” “de componer vastos libros;” “de explayar en 500 páginas una idea cuya perfecta exposición oral cabe en pocos minutos.”[2]

Lejos de llegar al dominio de las técnicas narrativas utilizadas por estos dos grandes de la literatura, Laura Antolín en su segunda novela juega con el lenguaje para ofrecernos una obra  que, al igual que la niña que robaba objetos en la primera historia “no se contó de golpe sino por episodios que, con el tiempo” acabó “hilvanando un relato de aventuras por entregas”[3] (pág. 4).  Un relato que es  como la vida misma como “un revoltijo”, tan lleno “de sobresaltos”, que “cuesta zurcir los rotos, hilvanar los remiendos y urdir una trama consistente.” (pág. 75)

Ese “público silencioso” al que alude en la página 77 de la novela es el que ahora debe enfrentarse al texto, dejarse llevar y empaparse de las emociones que de él se desprenden. Laura Antolín, de forma autodidáctica, ha creado una novela digna, con  ritmo, en la que las piezas del rompecabezas van encajando para mostrar la imagen de un transcurrir de la vida que va de la mano de un primate llamado Max.

Ramón García Alamillo

Licenciado en Filología Hispánica.

[1] “los niños, los últimos monos” (pág. 9), “un mono de feria”, “tenía monos en la cara” (pág. 19), “más peligroso que un mono con navaja” (pág. 23),”la modelo era mona” (pág. 85) “hasta el último mono se cree poderoso” (pág. 123)…

[2] Borges, Jorge Luís. Ficciones.

[3] Antolín, Laura. Un mono en la despensa.

Mis lectores


Había prometido hablaros de mis lectores. No olvido.

Primero, están los allegados. Esos sufridos familiares y/o amigos a quienes das un manuscrito para leer. Sí, tú crees que está casi acabado, que solo le faltan unos retoques. Después caes en la cuenta de que no es así. Gracias a sus lecturas, a que van cazando gazapos y erratas y errores y horrores. Eres consciente: te leen porque te aprecian. A esas pocas personas les doy un diez sobre diez. Y les pido disculpas. Ellos son: mis hermanas; Astrid (la más sufrida por ser, además, la encargada de corregir mi español tambaleante); Cecilia (a quien le robo algún sueño); y Marianne (sufriendo por mis incongruencias). También, Juan (mi cuñado, ¿por qué tanto acoso a los cuñados?); Isabel (mi tía, la maestra, como si no tuviera bastante con las redacciones de sus alumnos). Algunas veces, mis amigos más íntimos, Belinda y Germán (entre la espada y la pared por figurar como personajes secundarios, lo que les resta objetividad). Repito, un diez.

Después, viene el jurado. Los editores que aceptan manuscritos. Los editores a los que les puedes enviar tu archivo adjuntado en un mensaje, pero que no podrán contestarte. Jamás. Muy, muy ocupados y tienen mucho, pero que mucho, por leer. Lo tuyo, apenas nada, lo aceptan por no hacerte un feo, pero no te hagas ilusiones. Si les das un toque,han pasado los tres meses, tiempo de la respuesta, te dirán que no les encaja. Que no les gusta. Que no es momento. A esos los suspendo. Como ellos a mí.

Por último, los lectores, ¡qué divinos! Esas personas que compran el libro, que lo leen. Que hacen comentarios, que descubren detalles que ni sabías (y mira que el texto, entre escritura y correcciones, te lo sabías de memoria…) No importa si la crítica no es del todo buena, se han tomado la molestia de leerte. Y ya cuando te dicen que les ha gustado, ¡qué maravilla! Ese día engordas un poco (a mí que no peso cincuenta kilos, me viene bien).

Lectores los hay de muchas clases. Los habituales. Los cultos. Los aficionados. Los que no leen nunca pero a ti te leen porque te conocen. Los que devoran la novela en un día. Los que la leen en el tren. Los que la guardan para el verano. Los que no tienen tiempo, pero lo harán.

Más que nada, me han conmovido algunas personas que no tienen el hábito de la lectura, pero que han hecho un esfuerzo y se han tragado la novela. A esos les pongo un punto positivo. A mí, otro por haberlos conseguido. Porque mi nota global para todos mis lectores es de sobresaliente.

Luces (y sombras) de una primera novela


Callejón con salida fue mi primera novela. No fue fácil escribirla ni publicarla. Las primeras veces, ya se sabe.

Trabajaba, entonces, en una oficina. Un empleo casi presencial, un regalo para mi vida laboral, con un solo inconveniente: demasiados ratos libres. La ociosidad no va conmigo, así que busqué cursos de formación para llenar el tiempo, enredar con el ordenador y dar la impresión de estar haciendo algo.

Encontré uno de narrativa y me apunté. Le cogí gusto. Hice otros de corrección y estilo, de cuentos.

Gracias a esos talleres, recordé una afición que había tenido de chica: escribir. A los quince años, había pillado el sarampión literario. Llevaba mi diario a lo Anna Franck, y llegué a rellenar unas cuantas libretas, de las de tapa dura. Me acompañaban siempre, en lo bueno y en lo malo.

Estando en la universidad, las quemé todas. Supongo que me entró la crisis de la autocrítica. Lo hice en una cocina de carbón de mi piso de estudiantes, en la calle Oscura de Oviedo, una calle donde nunca entraba el sol. Un piso frío. Recuerdo que abrí uno de los cuadernos y, al leerlo, me dio verguenza ajena. Decidí cortar por lo sano y prendí la estufa. Se formó que una tremenda humareda.

Despues, no volví a escribir. Solo cartas.

La idea de escribir me rondaba, pero la postergaba. Mientras, leía mucho. Todos los que podía. Las bibliotecas públicas fueron, allá donde estuviera, mi refugio.

Participando en esos cursillos literarios, me di cuenta de que necesitaba contar cosas. Habían pasado años desde mis primeros diarios (¡y poemas!, que también me había dado por ahí…) y había acumulado vivencias. Necesitaba contarlas. Escribí cuentos. Relatos. Poemas (sobre todo, haikús que dan menos apuro). Fue la época en la que empecé, como tantos, a comunicarme a través de las redes. Los transeuntes, al pasar frente al escaparate de aquella oficina que estaba en un bajo, me veían teclear con frenesí. Sí, yo tecleaba.

La oficina cerró. No por mi mala gestión, o por mi delirio literario, sino por la crisis.

No me desanimé. Parada, pero no paralizada. Decidí atacar la novela. En casa. Sola. Mi manera de afrontar el paro, mi terapia.

Escribir costó. Material había, pero faltaba técnica, faltaba estilo, faltaba ritmo…Faltaba todo lo que hay que tener. Obsesiva y obsesionada, me aferraba al teclado. Borraba más que escribía; me levantaba por las noches, desvelada, para tomar notas.

Al cabo de dos años, estaba lista para la imprenta.

Mi hermana Astrid me ayudó con las correcciones. Ella trabaja de traductora y de profesora de lengua española, y con esto de la ortografía, es implacable. Yo le iba enviando los capítulos y me los remitía llenos de tachones a bolígrafo rojo. El manuscrito viajó, así, de Barcelona a París, ida y vuelta, y se iba adelgazando de tantos párrafos y personajes y situaciones que decidíamos eliminar (con gran dolor de mi corazón y acierto por su parte).

También di a leer el borrador a mis amigos y familiares más íntimos. Al ser bastante autobiográfica, la historia también les concernía. Más típex y menos tinta. De las 250 iniciales quedaron unas 140 páginas.

Comprendí que tenía que estudiar las reglas de la ortografía. En mi caso había una disculpa: el castellano no era mi primera lengua. Pero ese era mi problema, no el del lector. Asumí mi punto débil y me puse a estudiar con mucha aplicación.

También entendí que es muy delicado incluir personas reales.

Que tienes que leer el texto en voz alta, por las cosas del ritmo.

Que escribir es un oficio muy duro pero que me gustaba.

Al final, estuvo el texto listo para enviar. Tampoco fue fácil decidir cuándo ponerle el punto final.

Tocaba buscar editor. Sin contactos ni conocimientos del medio, estaba perdida.

Como estaréis imaginando, no lo encontré. Así que, me decidí por la autoedición. ¿Qué otra cosa podía hacer?

Antes de enviar el manuscrito a diestro y siniestro, lo registré, lógico. Es un trámite sencillo. Se puede hacer hasta por correo. No evita que te pillen ideas, pero te da un mínimo de seguridad.

A mi novela la titulé “La mugre es ágil”, pero me entró la inseguridad y lo cambié por “Callejón con salida”. Un error: no tuve la precaución de indagar si ese título ya estaba pillado. Como así era. Desde aquí, pido disculpas a Elena Osorio,  escritora argentina. Su libro es de relatos, no  novela; la coincidencia, lamentable. Si no fuera por el ISBN del libro (su DNI), podría ser impedimento para localizar el libro.

Por lo demás, quedé contenta con el resultado.

A pesar de la ayuda de Astrid, se nos colaron un par de erratas y otro par de gazapos. Algo inevitable cuando no cuentas con el apoyo de un equipo editor. Así con todo… Hay que imprimir el texto, aunque le hayas pasado cien veces el corrector del word y lo hayas revisado con cuatro pares de ojos. Hay que imprimir. Pasa que la tinta es más cara que la sangre, y te parece que vas sobrada. Pues no.

La editorial por la que me decidí fue Círculo Rojo. Me trataron muy bien, no hay queja. Recomendable, sobre todo, por el trabajo de maquetación y el trato. De la difusión, ya hablaremos, es otro tema.

El diseño de la portada quedó chulo. Me hubiera gustado poner uno de mis dibujos, pero era una complicación y ¡había que salir del callejón!

Se imprimió en Sevilla, en noviembre del 2011. Una tirada de 500 ejemplares que recibí, bien empaquetados. Sensación de reto conseguido. Ahora, podía devolverle al mundo algo de mi cosecha, en agradecimiento a tantas y tan estupendas horas de lecturas. Mi libro estaría en las estanterías de las bibliotecas. Lo de las librerías sería otro cuento…

Porque tocaba vender. Pero esa es otra historia que os contaré en otro capítulo. (Seguirá…)

Me quedan algunos ejemplares (pocos), y también se puede comprar en formato electrónico. Os dejo los enlaces, por si os pica la curiosidad.

http://www.todoebook.com/CALLEJON-CON-SALIDA-LAURA-ANTOLIN-CIRCULO-ROJO-LibroEbook-ES-SPB0168234.html

http://www.readontime.com/ROT/editorial-circulo-rojo-editorial-anubis/laura-antolin/callejon-con-salida_9788499914862.html

http://libros.elmundo.es/CALLEJON-CON-SALIDA-LAURA-ANTOLIN-CIRCULO-ROJO-LibroEbook-ES-SPB0168234.html

http://ondemand.interactivelearning.cr/CALLEJON-CON-SALIDA-LAURA-ANTOLIN-CIRCULO-ROJO-LibroEbook-ES-SPB0168234.html

http://www.librerias-picasso.com/autor/laura-antolin/

En un barrio de la vieja Barcelona, tan céntrico como mugriento, una mujer intenta sobrevivir a la precariedad. Su vecina no ha regresado a casa. Ese hecho, aunque anunciado, la trae sin vivir. Y es el relato de esos días de búsqueda el argumento de Callejón con salida. Situado antes del euro y del móvil, en medio de otra crisis (para algunos, estado permanente), nos recuerda que muchas cosas ya se andaban gestando. Un pequeño guiño hacia lo creativo como camino de salvación, como salida del callejón, a pesar de que los callejones no suelen tener salidas. Un tanteo hacia la sanación, desde la intuición y la reflexión del “yo, aquí y ahora”. Tímido homenaje, por qué no, a una generación que no estaba sobradamente preparada, pero que fue osada, y se arriesgó. Aunque no siempre encontrara la salida.

Editorial Círculo Rojo

Publicada en noviembre del 2011

ISBN 978-84-9991-419-0

Nota: Si encuentran algún gazapo en la novela, no es culpa de Astrid, mi hermana, correctora del boli rojo. He sido yo, de tanto revisar, quitar y poner.

Actos como las presentaciones de libros serían temibles si no fuera por los amigos. Gracias a ellos fue soportable. Los mejores amigos siempre están. Por eso aparecen en mis textos (a veces). Y qué decir de mi compañero que soporta mis interminables tecleos (suerte que mi portátil es silencioso)…

¡Qué angustia hablar en público! Claro que fue en petit comité: solo han venido cuatro amigos… Estamos en la librería Parcir, de Manresa, espacio que nos ha cedido el librero Antoni Adaura. Somos cuatro gatos, mis 4 gats del alma. Y es que presentar un libro escrito en castellano en esta ciudad es el más difícil todavía.

Después hubo otros intentos: en Sabadell y en Igualada, de cuyos actos (fallidos) no quiero acordarme. Pero la fui colocando. La coloqué.

El primer obstáculo que encuentras al vender un libro de autopublicación es comprobar que en las grandes librerías solo trabajan con las distribuidoras. Al no estar en ese circuito, tu libro queda descartado. No importa si es bueno o malo, esa no es la cuestión.

Así que queda buscarte la vida por otros caminos. Este fue mi itinerario:

  • entregar un ejemplar a la biblioteca de mi barrio
  • convocar presentación en la misma
  • dejarlo en depósito en las librerías de proximidad
  • pedir colaboración a amigos y familiares para que lo vendieran  en su entorno
  • proponer a las bibliotecas públicas su adquisición
  • hacer presentaciones y charlas en otras bibliotecas
  • montar parada en el día del libro
  • escribir un blog http://librosemplumados.blogspot.com
  • difundir por las redes
  • regalarlo cuando me apeteció: era mío.

No me enriquecí. Obvio. Pero conseguí cubrir gastos y, sobre todo, lectores. El que no se conforma es porque no quiere. O no sabe. Otro día, hablaré de estos lectores