Luces (y sombras) de una primera novela


Callejón con salida fue mi primera novela. No fue fácil escribirla ni publicarla. Las primeras veces, ya se sabe.

Trabajaba, entonces, en una oficina. Un empleo casi presencial, un regalo para mi vida laboral, con un solo inconveniente: demasiados ratos libres. La ociosidad no va conmigo, así que busqué cursos de formación para llenar el tiempo, enredar con el ordenador y dar la impresión de estar haciendo algo.

Encontré uno de narrativa y me apunté. Le cogí gusto. Hice otros de corrección y estilo, de cuentos.

Gracias a esos talleres, recordé una afición que había tenido de chica: escribir. A los quince años, había pillado el sarampión literario. Llevaba mi diario a lo Anna Franck, y llegué a rellenar unas cuantas libretas, de las de tapa dura. Me acompañaban siempre, en lo bueno y en lo malo.

Estando en la universidad, las quemé todas. Supongo que me entró la crisis de la autocrítica. Lo hice en una cocina de carbón de mi piso de estudiantes, en la calle Oscura de Oviedo, una calle donde nunca entraba el sol. Un piso frío. Recuerdo que abrí uno de los cuadernos y, al leerlo, me dio verguenza ajena. Decidí cortar por lo sano y prendí la estufa. Se formó que una tremenda humareda.

Despues, no volví a escribir. Solo cartas.

La idea de escribir me rondaba, pero la postergaba. Mientras, leía mucho. Todos los que podía. Las bibliotecas públicas fueron, allá donde estuviera, mi refugio.

Participando en esos cursillos literarios, me di cuenta de que necesitaba contar cosas. Habían pasado años desde mis primeros diarios (¡y poemas!, que también me había dado por ahí…) y había acumulado vivencias. Necesitaba contarlas. Escribí cuentos. Relatos. Poemas (sobre todo, haikús que dan menos apuro). Fue la época en la que empecé, como tantos, a comunicarme a través de las redes. Los transeuntes, al pasar frente al escaparate de aquella oficina que estaba en un bajo, me veían teclear con frenesí. Sí, yo tecleaba.

La oficina cerró. No por mi mala gestión, o por mi delirio literario, sino por la crisis.

No me desanimé. Parada, pero no paralizada. Decidí atacar la novela. En casa. Sola. Mi manera de afrontar el paro, mi terapia.

Escribir costó. Material había, pero faltaba técnica, faltaba estilo, faltaba ritmo…Faltaba todo lo que hay que tener. Obsesiva y obsesionada, me aferraba al teclado. Borraba más que escribía; me levantaba por las noches, desvelada, para tomar notas.

Al cabo de dos años, estaba lista para la imprenta.

Mi hermana Astrid me ayudó con las correcciones. Ella trabaja de traductora y de profesora de lengua española, y con esto de la ortografía, es implacable. Yo le iba enviando los capítulos y me los remitía llenos de tachones a bolígrafo rojo. El manuscrito viajó, así, de Barcelona a París, ida y vuelta, y se iba adelgazando de tantos párrafos y personajes y situaciones que decidíamos eliminar (con gran dolor de mi corazón y acierto por su parte).

También di a leer el borrador a mis amigos y familiares más íntimos. Al ser bastante autobiográfica, la historia también les concernía. Más típex y menos tinta. De las 250 iniciales quedaron unas 140 páginas.

Comprendí que tenía que estudiar las reglas de la ortografía. En mi caso había una disculpa: el castellano no era mi primera lengua. Pero ese era mi problema, no el del lector. Asumí mi punto débil y me puse a estudiar con mucha aplicación.

También entendí que es muy delicado incluir personas reales.

Que tienes que leer el texto en voz alta, por las cosas del ritmo.

Que escribir es un oficio muy duro pero que me gustaba.

Al final, estuvo el texto listo para enviar. Tampoco fue fácil decidir cuándo ponerle el punto final.

Tocaba buscar editor. Sin contactos ni conocimientos del medio, estaba perdida.

Como estaréis imaginando, no lo encontré. Así que, me decidí por la autoedición. ¿Qué otra cosa podía hacer?

Antes de enviar el manuscrito a diestro y siniestro, lo registré, lógico. Es un trámite sencillo. Se puede hacer hasta por correo. No evita que te pillen ideas, pero te da un mínimo de seguridad.

A mi novela la titulé “La mugre es ágil”, pero me entró la inseguridad y lo cambié por “Callejón con salida”. Un error: no tuve la precaución de indagar si ese título ya estaba pillado. Como así era. Desde aquí, pido disculpas a Elena Osorio,  escritora argentina. Su libro es de relatos, no  novela; la coincidencia, lamentable. Si no fuera por el ISBN del libro (su DNI), podría ser impedimento para localizar el libro.

Por lo demás, quedé contenta con el resultado.

A pesar de la ayuda de Astrid, se nos colaron un par de erratas y otro par de gazapos. Algo inevitable cuando no cuentas con el apoyo de un equipo editor. Así con todo… Hay que imprimir el texto, aunque le hayas pasado cien veces el corrector del word y lo hayas revisado con cuatro pares de ojos. Hay que imprimir. Pasa que la tinta es más cara que la sangre, y te parece que vas sobrada. Pues no.

La editorial por la que me decidí fue Círculo Rojo. Me trataron muy bien, no hay queja. Recomendable, sobre todo, por el trabajo de maquetación y el trato. De la difusión, ya hablaremos, es otro tema.

El diseño de la portada quedó chulo. Me hubiera gustado poner uno de mis dibujos, pero era una complicación y ¡había que salir del callejón!

Se imprimió en Sevilla, en noviembre del 2011. Una tirada de 500 ejemplares que recibí, bien empaquetados. Sensación de reto conseguido. Ahora, podía devolverle al mundo algo de mi cosecha, en agradecimiento a tantas y tan estupendas horas de lecturas. Mi libro estaría en las estanterías de las bibliotecas. Lo de las librerías sería otro cuento…

Porque tocaba vender. Pero esa es otra historia que os contaré en otro capítulo. (Seguirá…)

Me quedan algunos ejemplares (pocos), y también se puede comprar en formato electrónico. Os dejo los enlaces, por si os pica la curiosidad.

http://www.todoebook.com/CALLEJON-CON-SALIDA-LAURA-ANTOLIN-CIRCULO-ROJO-LibroEbook-ES-SPB0168234.html

http://www.readontime.com/ROT/editorial-circulo-rojo-editorial-anubis/laura-antolin/callejon-con-salida_9788499914862.html

http://libros.elmundo.es/CALLEJON-CON-SALIDA-LAURA-ANTOLIN-CIRCULO-ROJO-LibroEbook-ES-SPB0168234.html

http://ondemand.interactivelearning.cr/CALLEJON-CON-SALIDA-LAURA-ANTOLIN-CIRCULO-ROJO-LibroEbook-ES-SPB0168234.html

http://www.librerias-picasso.com/autor/laura-antolin/

En un barrio de la vieja Barcelona, tan céntrico como mugriento, una mujer intenta sobrevivir a la precariedad. Su vecina no ha regresado a casa. Ese hecho, aunque anunciado, la trae sin vivir. Y es el relato de esos días de búsqueda el argumento de Callejón con salida. Situado antes del euro y del móvil, en medio de otra crisis (para algunos, estado permanente), nos recuerda que muchas cosas ya se andaban gestando. Un pequeño guiño hacia lo creativo como camino de salvación, como salida del callejón, a pesar de que los callejones no suelen tener salidas. Un tanteo hacia la sanación, desde la intuición y la reflexión del “yo, aquí y ahora”. Tímido homenaje, por qué no, a una generación que no estaba sobradamente preparada, pero que fue osada, y se arriesgó. Aunque no siempre encontrara la salida.

Editorial Círculo Rojo

Publicada en noviembre del 2011

ISBN 978-84-9991-419-0

Nota: Si encuentran algún gazapo en la novela, no es culpa de Astrid, mi hermana, correctora del boli rojo. He sido yo, de tanto revisar, quitar y poner.

Actos como las presentaciones de libros serían temibles si no fuera por los amigos. Gracias a ellos fue soportable. Los mejores amigos siempre están. Por eso aparecen en mis textos (a veces). Y qué decir de mi compañero que soporta mis interminables tecleos (suerte que mi portátil es silencioso)…

¡Qué angustia hablar en público! Claro que fue en petit comité: solo han venido cuatro amigos… Estamos en la librería Parcir, de Manresa, espacio que nos ha cedido el librero Antoni Adaura. Somos cuatro gatos, mis 4 gats del alma. Y es que presentar un libro escrito en castellano en esta ciudad es el más difícil todavía.

Después hubo otros intentos: en Sabadell y en Igualada, de cuyos actos (fallidos) no quiero acordarme. Pero la fui colocando. La coloqué.

El primer obstáculo que encuentras al vender un libro de autopublicación es comprobar que en las grandes librerías solo trabajan con las distribuidoras. Al no estar en ese circuito, tu libro queda descartado. No importa si es bueno o malo, esa no es la cuestión.

Así que queda buscarte la vida por otros caminos. Este fue mi itinerario:

  • entregar un ejemplar a la biblioteca de mi barrio
  • convocar presentación en la misma
  • dejarlo en depósito en las librerías de proximidad
  • pedir colaboración a amigos y familiares para que lo vendieran  en su entorno
  • proponer a las bibliotecas públicas su adquisición
  • hacer presentaciones y charlas en otras bibliotecas
  • montar parada en el día del libro
  • escribir un blog http://librosemplumados.blogspot.com
  • difundir por las redes
  • regalarlo cuando me apeteció: era mío.

No me enriquecí. Obvio. Pero conseguí cubrir gastos y, sobre todo, lectores. El que no se conforma es porque no quiere. O no sabe. Otro día, hablaré de estos lectores

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Un comentario sobre “Luces (y sombras) de una primera novela

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  1. Laura es una excelente pintora. No me cabe la menor duda, también una estupenda “contadora”, Una artista.Ojalá sean numerosos los que tengan la ocasión de apreciarlo.
    SUERTE LAURY… de tout mon coeur

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