Control de calidad


Además de escribir, bien, mal o regular, los escribidores nos devanamos los sesos despejando incógnitas: La cantidad de páginas ¿importa?; el título ¿definitorio?; la portada ¿icono que atrapará o imagen disuasoria?; los personajes ¿redondos, planos o puntiagudos?; la voz narrativa ¿en primera, segunda, tercera… o pronombres neutros? Etcétera.

Es bueno, y hasta lógico, que nos hagamos tantas preguntas. Forma parte de nuestro trabajo.

Por lo demás, andamos perdidos (también los lectores) entre tantos misterios editoriales: Por qué habrán publicado ese libro y no otro; por qué ensalzar a ese escritor… Los caminos editoriales son inescrutables (al menos para nosotros, profanos).

Llegados a ese punto, por mucho que cavilemos, lo único que podemos hacer es intentar escribir cada día un poco mejor. No queda otra.

Y después que salga el sol por la ventana.

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