En un mundo ideal


Para los amantes de las letras, un mundo ideal estaría plagado de lectores. Las librerías se codearían con otros comercios, sin quedarse arrinconadas. Siempre repletas de libros, nuevos o de segunda mano, libros de todas clases y para todos los gustos, tantos que las tiendas se especializarían por géneros literarios o por las edades de los lectores a quienes estuvieran destinados, y eso no solo sucedería en las grandes ciudades, donde ya sucede, sino que sería bastante común encontrar en cualquier pueblo una librería juvenil o un quiosco de novelas negras, por ejemplo.

Se publicarían ediciones para todos los bolsillos, desde las más lujosas y cuidadas para coleccionistas, hasta ediciones baratas para leerse sobre la marcha. Los formatos, sobre papel y digital, no estarían reñidos. Lo importante serían las palabras y las almas que se desnudan.

Los intermediarios, por tanto, ganarían lo suyo sin que los escritores, vampirizados, se vieran obligados a asistir a esos actos que no siempre les divierten, pero necesarios para su sustento. Los autores cobrarían algo más del 10%, lo que reduciría la feroz competencia entre ellos a franca camaradería.

Los lectores, estimulados desde niños por los juegos de palabras, se sentirían también tentados a hacer sus pinitos, ¿por qué no? Algunas veces, emergerían auténticos talentos. Otros se conformarían con dejarnos su testimonio por escrito.

Las personas hablarían mejor, se expresarían con mayor corrección, porque pensarían con mayor claridad. Los gobernantes lo tendrían, eso sí, peor para engañarlos…

En un mundo ideal los libros serían bienvenidos en las estanterías de las casas, y sus habitantes, menos aburridos o vacíos. Las conversaciones serían más jugosas y las relaciones más prometedoras. La educación en las escuelas sería más provechosa, pues los alumnos vendrían leídos de casa.

¿Y las bibliotecas públicas, qué sería de ellas? Las bibliotecas seguirían siendo muy necesarias, tanto como lo son ahora, o más, pues el número de usuarios no habría disminuido y sus espacios estarían siempre a disposición de los estudiantes, estudiosos, lectores y escritores.

En un mundo ideal para los amantes de las letras…, pero este es otro mundo, el real, y las cosas son lo que son, y están como están. Sin embargo, tampoco debemos desanimarnos, cada vez estamos más cerca, aunque no lo parezca. Sí, a pesar de que la lectura todavía sea una afición minoritaria, nunca se había leído tanto como se lee ahora, por mucho que se quejen desde el sector editorial (y no les faltarán razones). Quizá siempre lo sea, placer de unos pocos, pero esos pocos son muchos si miramos atrás. Paciencia, que otros se sumarán, aunque nosotros no lleguemos a verlo, porque estas tareas son de a pocos, despacito y con buenas letras.

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