Las críticas


Cuando escribimos un libro nos ponemos el mundo por montera (que no sé muy bien qué significa esa expresión pero la utilizo queriendo decir que nos la suda), pero cuando publicamos nos entra el temor y temblor, ¿gustará eso que hemos creado con tanto esfuerzo?

Intentamos serenarnos: “Pues a mis hermanas les gustó, a mi cuñado también…” Sí, claro, pero ellos son de la familia. “Pues mi mejor amiga dijo que era una gran novela…” Sí, claro, pero es que ella es tu mejor amiga, ¿qué quieres que te diga, ella? “Bueno, pues al que le encargué el informe de lectura me dijo que la novela tenía gancho…” Ya, pero a él le pagaste…

Hum, ya… No sé… Quizás tendría que haber encargado una corrección de estilo: todavía soy tan torpe juntando palabras…

Pero ahora es tarde. Al libro lo catapultaste a la imprenta y, cuando recibiste las pruebas, casi no tuviste el valor de abrirlo, y cuando por fin te decidiste y lo abriste al azar, ¡zas! te encontraste con el primer gazapo, o esa frase tan malsonante, ¡ay! que tú misma la habrías corregido con boli rojo y. de paso, habrías eliminado el párrafo entero, que no iba a ninguna parte… Pero ahora ya es tarde.

“¿Y tengo que dejarlo ir, así, tan desvalido?… todavía tan chiquito, que ni siquiera anda solo y no sabe ni hablar, solo balbucea cuatro palabras, mamá, papá, agua, no, y poco más, y que solo yo entiendo.”

Sí, así es, tienes que dejarlo ir, sacarlo del nido a empujones. “Pero si es cachorro todavía…”

Ah, pues eso tendrías que habértelo pensado antes, ¿a qué tuviste tantas prisas de echarlo a andar, te estorbaba en el cajón?

“No, pobrecito, pero yo pensé que venía siendo hora…”

Pues entonces, apechuga. Lo ves frágil, y llevas razón. Pero ya no puedes protegerlo. Ya no. Ya no te pertenece. Se lo has entregado al lector.

“Ay, pero ¿qué dirá? ¿Qué pensarán? ¿Gustará?”

Confórmate, si algo dicen (la mayor parte de las veces, ni eso…) Acepta las críticas, con humildad, (sin que te hundan en la miseria). Habrá de todo (si algo hay), pero solo serán opiniones. Opiniones ajenas sobre algo que ya debería serte ajeno a ti también. Después de todo, ¿qué sabes tú de ellos, en qué momento de sus vidas les pilla tu libro, qué gustos tienen, qué criterios? No te concierne (casi).

¿Aprender de las críticas? Sí, por qué no, si estamos dispuestos a prender de casi todo, si somos tan valientes como para ofrecerle al mundo nuestro testimonio… Aprender sin que te rompan el corazón, pues lo que le ofreces al mundo no es lo más extraordinario ni siquiera perfecto, es lo que tenías por ofrecer.

¿Te llega alguna reseña? ¡Alégrate, alguien te ha leído! ¿Es de una voz que consideras autorizada? Toma nota (con cautela). ¿Es de alguien que no consideras demasiado perspicaz ni siquiera buen lector? Dale las gracias, y a ti también (has conseguido que lea otro libro más).

Cuando pase un tiempo, ya verás, esas opiniones las leerás con la cabeza más fría. Sin tantas expectativas. Y, algunas veces, hasta les darás la razón (pero no siempre). Entonces ya no te importarán tanto, porque estarás metida en el siguiente proyecto. Y tu libro, ese que hoy sientes tan desvalido, habrá aprendido a saltar a la comba.

Tú misma, ahora, lo escribirías de otra manera. O lo dejarías encubar. O lo triturarías.

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3 comentarios sobre “Las críticas

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