¿Cojera?


A pesar de la cantidad de publicaciones españolas (sin incluir las ultramarinas), parece que nuestra literatura esté estancada, atrapada en un paréntesis. ¿Otro túnel?

Por supuesto, generalizo. No se me ofendan los/as buenos/as escritores/as. Los hay, aunque sus obras se pudran en los cajones o, con suerte, solo consiguen ver la luz gracias a esas pequeñas editoriales independientes.

Hablar de los escritores españoles, en genérico, es como hacerlo de los españoles. No los conozco a todos, por tanto no puedo meterlos en un mismo saco. Aun conociéndolos, esa no sería mi intención. Así que me refiero a los escritores, consagrado. A los que suenan.

Tengo la impresión de que nuestra literatura no está progresando adecuadamente (como diría un profesor). Se escribe mucho, sí, pero ¿se escribe bien? Pongamos que con corrección, pero no creo que ese patrimonio refleje la realidad del país.

Los grandes editores saben que nuestra literatura no es exportable a Hispano América. ¿Por qué no, si allá veneran a nuestros cantantes? Algo no encaja.

Cuando leo literatura argentina o mexicana, las del “boom”, —por devoción o por no encontrar equivalente entre los nuestros— confieso que no siempre entiendo todos los matices, pero sigo con la novela porque comprendo que son giros locales que no tengo por qué saber. Compartimos una lengua en común, pero no un territorio ni una realidad. Me quedo con la historia que me están contando, su ritmo y sus colores, a sabiendas de que me pierdo algunos guiños, muchas bromas y, en definitiva, parte del cuento.

En España, también se podría escribir usando ese tipo de giros locales, ¡y tanto! Pero no. Aquí nos hemos impuesto escribir como si todos fuéramos de Valladolid cuando muchos venimos de regiones en las que se habla español, pero no necesariamente castellano.

Cuando se escribe en las otras lenguas del territorio (catalán, gallego o vasco), del tirón, todo en esa lengua, lo cual tampoco refleja la realidad bilingüe de la región. Hay excepciones. Por citar alguno que se sale de esta norma, Juan Marsé, catalán de pura cepa, que escribe en castellano, salpicando sus diálogos de catalanismos tal y como se habla en su ciudad, Barcelona. Esa me parece la ruta a seguir.

Si yo, asturiana de origen, escribiera una novela ambientada en Asturias me vería obligada a colar parte del texto en bable, pese a entrecomillarlo o ponerlo en cursiva. Pues, aunque este sea un dialecto, es el habla de muchos del terruño. Por tanto, escribirlo en un castellano vallisoletano sería un error.

A parte, nuestro idioma (como otros) es cambiante, por vivo. Y eso debería reflejarse en nuestros libros. No es de recibo que en una novela ambientada en los años ochenta los personajes hablen casi igual a como lo hacían en los cincuenta. Cuando escribí Callejón con salida puse especial cuidado en recordar cómo hablábamos (al menos en mi círculo) en los años noventa. A un cantautor, como Sabina le sale natural. Sus letras sí reflejan la manera de hablar de la calle. Es muy posible que los argentinos no entiendan toda la jerga, pero lo aplauden.

Cuando se quiera saber cómo se respiraba en España, algunas canciones serán documentos más valiosos que muchos de los libros publicados.

Por tanto, opino que los editores han de estar más en contacto con la realidad para seleccionar obras que la reflejen mejor, y los escritores, liberarse del yugo de escribir en un castellano correcto. Dejarse llevar por un idioma vivo, con sus particularidades locales. Sin complejos. De la misma manera que los telespectadores españoles se han adaptado al habla de los culebrones venezolanos (a los que se han enganchado, cuando tocó, sin remedio).

Dos indicaciones que reanimarían nuestras voces, sin apartarlas del enorme mercado hispano. Todo lo contrario.

Otra cosa, bien diferente, es que no interese (por lo que sea) revelar retratos de nuestra realidad social y que tampoco sea negocio exportar libros allende los mares (pero sí importarlos…)

Como lectora, pongo mi marcador para señalar ahí donde me quedo encallada. Como escritora me cuido mucho de no caer en esos dos errores. Por eso no escribí ninguna novela ambientada en mi tierra (todavía).

Foto por cortesía de Héctor Jácome

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5 comentarios sobre “¿Cojera?

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  1. Tienes cierta parte de razón. Yo creo que influyen cuestiones adversas para que creamos que la literatura cojea. Una de la cuestiones principales es la crisis… la gente no lee o no compra porque no está dispuesta a gastarse 18 o 20 euros en un libro que puede esperar.
    Sobre escribir, creo que uno debe ampararse en la inspiración. Sin ella, harás un cuento o un libro mecánico, insaboro, ditónico… en fin, expones un tema interesante.
    Saludos.

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  2. La verdad, la postura la veo interesante, si bien yo añadiría otras razones para ese no progresar adecuadamente, la crisis por encima de nada. En las crisis nadie se arriesga, y menos en un país de absentistas como el nuestro, y aunque hubiese más emprendimiento…¿acaso la gente se juega su dinero (incluso cuando sobra) por un libro que puede no valer nada, al no conocerse nada tampoco de su autor? Valorar la realidad es lo correcto, pero eso puede vender o no, realmente la literatura de hoy lo que busca es abstraer, meterte en una fantasía que podría ocurrir en la propia puerta de tu casa (no mucho más lejos, que cansa) o en sitios tan lejanos que te hacen olvidarte de la hipoteca o la clase política. Estancamiento, sin duda, ¿solución?….en el devenir no hay ni problemas ni soluciones, solo cosas que van y vienen, solo esperemos que algo bueno esté por venir.

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  3. Claro que sí, no desesperamos.
    Lo de la crisis es evidente (lo menciono como factor primordial en la entrada anterior).
    Es cuestión, también, de escala de valores eso de apostar o no por un libro. Personalmente no me influye demasiado ( aveces, nada) el hecho de que el autor sea conocido. Tampoco planteo la cuestión como problema a solucionar. Solo apunto fallos de nuestro tejido editorial. Un saludo.

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