Su librillo


Te ronda una idea que bien pudo salir por peteneras; cualquier indicio basta (una frase que oíste en alguna parte, una palabra que te obsesiona, una imagen que se te escapa, el sueño de anoche, ese reflejo en el cristal). Dile inspiración. Una idea, ya se sabe, es bien poco; apenas la chispa que enciende la mecha, pero sin ella, no hay candela.

¿Un plan de acción antes de ponerse a escribir? No estoy segura de que sea lo mejor. Más que nada porque eso nos llevará mucho tiempo y, mientras, la vida fluye, implacable. Temo que demasiado calentamiento previo nos agote antes de emprender la difícil tarea de escribir.

Quizás prefiero (y es una opción tan discutible como otra) ir pensando en el proyecto de a poco. Entretanto ponerme a escribir, un poco a ciegas, sin dejar mi bastón —esa idea rondando—, expuesta a tropiezos que una guía previa me habría evitado (ocultándome, también, algunos descubrimientos que solo ofrece el error, el accidente…)

¿Por qué descartar el consejo del trabajo previo?

En mi caso (un sentir muy personal) temo más que nada al aburrimiento. Me explico: si lo sé casi todo sobre lo que quiero escribir es posible que ya no me apetezca hacerlo, razón por que podría aparcar el proyecto a pesar de haberle puesto hasta los puntos en las íes. Si no me queda nada, o casi, por descubrir puesto que ya lo he rumiado todo, hasta el último detalle, ¿seré capaz de redactar con un poco de pasión?

Con esto no quiero decir que escribir sea juntar palabras a lo loco, ni de lejos.

Ejercicios como la escritura automática, que consisten, como se sabe, en escribir lo que te salga, intentando que esas palabras descontroladas no pasen por el filtro de la consciencia me parecen muy recomendables. Estos borradores suelen desvelar verdaderos tesoros, insólitas asociaciones de palabras, y conviene guardarlos como material sensible.

Otro es cuando queremos estructurar un texto, de la naturaleza que sea; entonces, habrá que pensar. No queda otra.

Y cuando nos enfrentamos a ese borrador infame, lleno de tachones y de señales que ni siquiera nosotros descifraremos, entonces tocará serenar al tigre.

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